La necesidad de encontrar alternativas al capitalismo, nos llevó a un material inédito del “Che”, que a través de su crítica “valiente y antidogmática”, “piensa, duda y discute sobre como construir el socialismo”. La crisis económica, la eclosión nuclear en Japón, la rebelión en África, la ultraderecha republicana, agregan incertidumbre, también esperanza. Con el espíritu del “Che”, pensar juntos ese mundo posible y necesario. Decir lo que se piensa, actuar de acuerdo a lo que se dice.
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11 de mayo de 2011

Che Guevara
Cuba no admite que se separe la economía de la política
Intervención ante el CIES
(8 de agosto de 1961)

Pronunciado: Ante la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la Organización de Estados Americanos en Punta del Este - Uruguay, el 8 de agosto de 1961.
Primera vez publicado: Por la OEA como parte de las memorias de la conferencia.
Versión digital: Archivo Che Guevara de la Sección en Español del Marxists Internet Archive (www.marxists.org) 2006. Este documento se ha reproducido aquí con el permiso de Ocean Press. Esta edición es de duración limitada ya que el acuerdo entre el MIA y OP caduca el 9 de octubre del 2008.
Fuente: Punta del Este: Proyecto alternativo de desarrollo. Ocean Press, © 2005.
Digitalización/HTML: Ocean Press/Juan R. Fajardo.
Derechos sobre este texto: © 2005 Aleida March, Centro de Estudios Che Guevara y Ocean Press. Reproducido con su permiso. Este material no se debe reproducir sin el permiso de Ocean Press. Para mayor información contactar a Ocean Press a: info@oceanbooks.com.au o a través de su sitio web en www.oceanbooks.com.au
Formato alternativo: MsWord

Señor Presidente, señores delegados:
Como todas las delegaciones, tenemos que empezar agradeciendo al gobierno y al pueblo de Uruguay la cordial acogida que nos ha dispensado en esta visita.
Quisiera también agradecer personalmente al señor Presidente de la asamblea el obsequio que nos hiciera de las obras completas de Rodó, y explicarle que no iniciamos esta alegación con una cita de ese grande americano por dos circunstancias. La primera es que volvemos a Ariel después de muchos años para buscar algo que representará, en el momento actual, las ideas de alguien que más que uruguayo es americano nuestro, americano del río Bravo hacia el sur.
Y no lo traje porque Rodó manifiesta en todo su Ariel, la lucha violenta y las contradicciones de los pueblos latinoamericanos contra la nación que hace cincuenta años ya, también está interfiriendo nuestra economía y nuestra libertad política.
Y la segunda razón, señor Presidente, es que el presidente de una de las delegaciones aquí presente nos hizo el regalo de una cita de Martí para iniciar su intervención.
Contestaremos, pues, a Martí con Martí, pero con el Martí antimperialista y antifeudal, que murió de cara a las balas españolas luchando por la libertad de su patria y tratando de impedir con la libertad de Cuba que los Estados Unidos cayeran sobre la América Latina, como dijera en una de sus últimas cartas.
En aquella Conferencia Monetaria Internacional, que el señor presidente del banco recordó hablando de los 70 años de espera del Banco Interamericano en su alocución inaugural, decía Martí:
«Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a más de uno. El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político. La política es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. [...] El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igual mente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos. [...] Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico de vivir juntos en América no obliga, sino en la mente de algún candidato o algún bachiller, a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión, con el mundo, y no con una parte de él, no con una parte de él; contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras.»
Ese era Martí hace 70 años, señor Presidente.
Bien. Cumpliendo el deber elemental de evocación y retribuyendo la gentileza al señor delegado que nos la hiciera antes pasamos a la parte fundamental de esta intervención nuestra, al análisis de por qué estamos aquí, a caracterizar la conferencia. Y tengo que decir, señor Presidente, que disiento, en nombre de Cuba, de casi todas las afirmaciones que se han hecho, aunque no sé si de todos los pensamientos íntimos de cada uno.
Tengo que decir que Cuba interpreta que esta es una conferencia política, que Cuba no admite que se separe la economía de la política y que entiende que marchan constantemente juntas. Por eso no puede haber técnicos que hablen de técnicas, cuando está de por medio el destino de los pueblos. Y voy a explicar, además, por qué esta conferencia es política, porque todas las conferencias económicas son políticas; pero es además política, porque está concebida contra Cuba, y está concebida contra el ejemplo que Cuba significa en todo el continente americano.
Y si no, el día 10, en Fuerte Amador, zona del Canal, el General Becker, mientras instruye una serie de militares latinoamericanos en el arte de reprimir a los pueblos, habla de la Conferencia Técnica de Montevideo y dice que hay que ayudarla. Pero eso no es nada; en el mensaje inaugural del 5 de agosto de 1961, el presidente Kennedy afirmó:
«Ustedes, los participantes de esta conferencia, atraviesan un momento histórico en la vida de este hemisferio. Esta reunión es algo más que una discusión de temas económicos o una conferencia técnica sobre el desarrollo: constituye, en verdad, una demostración de capacidad de las naciones libres para resolver los problemas materiales y humanos del mundo entero.»
Podría seguir con la cita del señor Primer Ministro del Perú, donde se refiere a temas políticos, también, pero para no cansar a los señores delegados, pues preveo que mi intervención será algo larga, me referiré a algunas afirmaciones hechas por los técnicos, a los que nosotros le ponemos comillas, del punto V del temario. En la página 2 al final, como conclusión definitiva, dice: «establecer, en el plano hemisférico y en el nacional, procedimientos regulares de consulta con los comités asesores sindicales, a fin de que puedan cumplir un papel influyente en la formulación política de los programas que se aprueban en la Reunión Extraordinaria.»
Y para remachar mi afirmación, para que no quede duda de mi derecho a hablar de política, que es lo que pienso hacer, en nombre del gobierno de Cuba, una cita de la página 7 de ese mismo informe del punto V en discusión:
« La tardanza en aceptar el deber que incumbe a los medios de información democrática en orden a defender a los valores esenciales de nuestra civilización, sin desfallecimiento ni compro miso de orden material, significaría un daño irreparable para la sociedad democrática y el peligro inminente de la desaparición de las libertades que hoy gozan como ha ocurrido en Cuba —Cuba, con todas las letras—, donde hoy solo existen prensa, radio, televisión y cine controlados por el orden absoluto del Gobierno.»
Es decir, señores delegados, que en el informe a discutir se enjuicia a Cuba desde el punto de vista político: pues bien, desde el punto de vista político Cuba dirá todas sus verdades y, además, desde el punto de vista económico también.
Estamos de acuerdo en una sola cosa con el informe del punto V de los señores técnicos, en una sola frase, que define la situación actual: «una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América», dice, y es cierto. Nada más que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América, y esta Conferencia y el trato especial que han tenido las delegaciones y los créditos que se aprueben tienen todos el nombre de Cuba, les guste o no les guste a los beneficiarios, porque ha habido un cambio cualitativo en América, que es que un día se puede alzar en armas, destruir a un ejército opresor, implantar un nuevo ejército popular, plantear frente al monstruo invencible, esperar el ataque del monstruo y derrotarlo también y eso es algo nuevo en América, señores: eso es lo que hace hablar este lenguaje nuevo y que las relaciones se hagan más fáciles entre todos, menos naturalmente, entre los dos grandes rivales de esta Conferencia.
Cuba, en este momento, no puede ni siquiera hablar de América sola. Cuba es parte de un mundo que está en tensión, angustiado, porque no sabe si una de las partes —la más débil, pero la más agresiva—, cometerá el torpe error de desencadenar un conflicto que necesariamente sería tonto. Y Cuba está atenta, señores delegados, porque sabe que el imperialismo sucumbiría envuelto en sus propias llamas, pero que Cuba también sufriría en sus carnes el precio de la derrota del imperialismo, y aspira a que se produzca por otros medios. Cuba aspira a que sus hijos vean un porvenir mejor, y a no tener que cobrar el precio de la victoria a costa de millones de seres humanos destruidos por la metralla atómica.
La situación está tensa en el mundo. Aquí estamos reunidos no solo por Cuba, ni mucho menos. El imperialismo necesita asegurar su retaguardia, porque la batalla está en todos los lados, en un momento de profunda tensión.
La Unión Soviética ha reafirmado su decisión de firmar la paz en Berlín, y el presidente Kennedy ha anunciado que puede ir hasta la guerra por Berlín. Pero no está Berlín solamente, no está Cuba solamente: está Laos, por otro lado está el Congo, donde Lumumba fue asesinado por el imperialismo; está el Vietnam dividido, está Corea dividida, Formosa en manos de la pandilla de Chiang Kai-Chek, Argelia desangrada, y que ahora pretenden dividirla también y Túnez, cuya población el otro día fue ametrallada por cometer el «crimen» de querer reivindicar su territorio.
Así es el mundo de hoy, señores delegados, y es así que asistimos a esta conferencia para que los pueblos vayan hacia un futuro feliz, de desarrollo armónico, o que se conviertan en apéndices del imperialismo en la preparación de una nueva y terrible guerra, o, si no, también que se desangren en luchas intestinas cuando los pueblos —como casi todos ustedes lo han anunciado — cansados de esperar, cansados de ser engañados una vez más, inicien el camino que Cuba una vez inició; el de tomar las armas, el de luchar dentro del territorio, el de quitarles armas al ejército enemigo que representa la reacción y el de destruir, hasta sus bases, todo un orden social que está hecho para explotar al pueblo.
La historia de la Revolución cubana es corta en años, señor Presidente, y rica en hechos positivos y rica también, en conocer la amargura de las agresiones. Simplemente puntualizaremos algunas palabras para que se entienda bien que hay una larga cadena que nos lleva a desembocar aquí.
En octubre de 1959, solamente se había realizado la Reforma Agraria como medida fundamental económica del Gobierno Revolucionario. Aviones piratas, que partían de Estados Unidos, volaron sobre el territorio de La Habana y, como consecuencia de los propios proyectiles que arrojaron, más que el fuego de nuestras baterías antiaéreas, se produjeron dos muertos y un centenar de heridos. Luego, tuvo lugar la quema de los campos de caña, que es una agresión económica, una agresión a nuestra riqueza, y que fue negada por los Estados Unidos hasta que estalló un avión —con pi loto y todo— y se demostró, indiscutiblemente, la procedencia de esas naves piratas. Esta vez el gobierno norteamericano tuvo la gentileza de pedir disculpas. Fue también bombardeado por esas naves el central España, en febrero de 1960.
En marzo de ese año, el vapor La Coubre que traía armas y municiones de Bélgica, estalló en los muelles de La Habana en un accidente que los técnicos catalogaron de intencional, y que produjo 100 muertos.
En mayo de 1960, el conflicto con el imperialismo se hizo frontal y agudo. Las compañías de petróleo que operaban en Cuba, invocando el derecho de la fuerza y desdeñando las leyes de la república, que especificaban bien claro sus obligaciones, se negaron a procesar petróleo que habíamos comprado en la Unión Soviética, en uso de nuestro libre derecho a comerciar con todo el mundo y no con una parte de él como decía Martí.
Todos saben cómo respondió la Unión Soviética mandándonos, en un verdadero esfuerzo, centenares de naves para mover 3 600 000 toneladas anuales —el total de nuestra importación de petróleo crudo—, y mantener funcionando nuestra vida interna, nuestras fábricas, en fin, todo el aparato industrial que se mueve hoy a partir del petróleo.
En julio de 1960 se produce la agresión económica contra el azúcar cubano, que algunos gobiernos no han visto todavía. Se agudizan las contradicciones y se produce la reunión de la OEA en Costa Rica, en agosto de 1960. Allí —en agosto de 1960, repito—, se declara que se condena... Para decirlo en sus términos exactos: «se condena enérgicamente la intervención aun cuando sea condicionada, de una potencia extracontinental en asuntos de las re públicas americanas, y declara que la aceptación de una amenaza de intervención extracontinental por parte de un estado americano pone en peligro la solidaridad y la seguridad americanas, lo que obliga a la Organización de los Estados Americanos a desaprobarla y rechazarla con igual energía.»
Es decir, los países hermanos de América, reunidos en Costa Rica, nos negaron el derecho a que nos defendieran. Es una de las más curiosas negociaciones que se han producido en la historia del derecho internacional. Naturalmente que nuestro pueblo es un poco desobediente a la voz de las asambleas, y se reunió en la asamblea de La Habana aprobando, por unanimidad —más de un millón de manos levantadas al cielo, una sexta parte de la población total del país—, la declaración que se llamó Declaración de La Habana, en la cual, en algunos de sus puntos expresa:
«La Asamblea General Nacional del Pueblo reafirma —y está segura de hacerlo como expresión de un criterio común a los pueblos de la América Latina—, que la democracia no es compatible con la oligarquía financiera, con la existencia de la discriminación del negro y los desmanes del Ku-Klux-Klan, con la persecución que privó de sus cargos a científicos como [Robert Julius] Oppenheimer, que impidió durante años que el mundo escuchara la voz maravillosa de Paul Robeson, preso en su propio país, que llevó a la muerte, ante la protesta y el espanto del mundo entero y pese a la apelación de gobernantes de diversos países y del Papa Pío XII, a los esposos Rosenberg.
«La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba expresa la convicción cubana de que la democracia no puede consistir solo en el ejercicio de un voto electoral que casi siempre es ficticio y está manejado por latifundistas y políticos profesionales, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir, como ahora lo hace esta asamblea del pueblo, sus propios destinos. La democracia, además, solo existirá en América Latina cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos a la más ominosa impotencia.»
Además, en aquel momento «La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba, condena, en fin, la explotación del hombre por el hombre.»
Aquella fue una declaración de nuestro pueblo, hecha a la faz del mundo, para demostrar nuestra decisión de defender con las armas, con la sangre y con la vida, nuestra libertad y nuestro derecho a dirigir los destinos del país en la forma que nuestro pueblo consideró más conveniente.
Vinieron después muchas escaramuzas y batallas verbales a veces, con los hechos otras, hasta que en diciembre de 1960 la cuota azucarera cubana en el mercado americano fue definitivamente cortada. La Unión Soviética respondió en la forma que ustedes conocen, otros países socialistas también y se firmaron contratos para vender en toda el área socialista 4 000 000 de toneladas, a un precio preferencial de cuatro centavos, lo que naturalmente salvó la situación de Cuba que es hasta hoy tan monoproductor, desgraciadamente, como la mayoría de los pueblos de América, y tan dependiente de un solo mercado, de un solo producto —en ese momento—, como lo son hoy los restantes países hermanos.
Pareció que el presidente Kennedy inauguraba la nueva época de que tanto se ha hablado, y a pesar de que también la lucha verbal había sido dura entre el presidente Kennedy y el Primer Ministro de nuestro gobierno, esperamos que mejoraran las cosas. El presidente Kennedy pronunció un discurso en el que se advertía claramente una serie de actitudes a tomar en América, pero parecía anunciar al mundo que el caso de Cuba debía considerarse como algo ya cristalizado.
Nosotros estábamos movilizados en aquella época, después del discurso de Kennedy, y al día siguiente se ordenó la desmovilización. Desgraciadamente, el día 13 de marzo de 1961, el presidente Kennedy hablaba de la Alianza para el Progreso. Hubo ese mismo día, además, un ataque pirata a nuestra refinería en Santiago de Cuba, poniendo en peligro las instalaciones y cobrando la vida de uno de sus defensores. Estábamos pues ante una situación de hecho.
En aquel discurso, que no dudo será memorable, Kennedy hablaba también de que esperaba que los pueblos de Cuba y la República Dominicana, por los que él manifestaba una gran simpatía, pudieran ingresar en el seno de las naciones libres. Al mes se producía Playa Girón, y pocos días después era asesinado misteriosamente el presidente Trujillo. Nosotros siempre fuimos enemigos del presidente Trujillo, simplemente establecemos el hecho crudo, y que no se ha esclarecido de ninguna manera hasta hoy.
Después, se estableció una verdadera obra maestra de beligerancia e ingenuidad política, que dio en llamarse «Libro Blanco» según las revistas que hablan tanto de los Estados Unidos, hasta provocar las iras del presidente Kennedy. Su autor es uno de los distinguidos asesores de la delegación norteamericana, que hoy está con nosotros. Es una acusación llena de tergiversaciones sobre la realidad cubana, que estaba concebida para la preparación que ya venía.
«El régimen de Castro representa un peligro para la auténtica revolución de America...», porque la palabra revolución también necesita, como decía alguno de los miembros de la presidencia, limpiar fondos de vez en cuando.
«El régimen de Castro es renuente a negociar amistosamente...», a pesar de que muchas veces hemos dicho que nos sentamos en pie de igualdad a discutir nuestros problemas con Estados Unidos, y aprovecho la oportunidad ahora, en nombre de mi gobierno, señor Presidente, para afirmar, una vez más, que Cuba está dispuesta a sentarse a discutir en pie de igualdad todo lo que la delegación de Estados Unidos quiera discutir, nada más que sobre la base estricta de que no haya condiciones previas. Es decir, que nuestra posición es clarísima al respecto.
Se llamaba, en el «Libro Blanco», al pueblo de Cuba a la subversión y a la revolución «contra el régimen de Castro, pero, sin embargo, el día 13 de abril el presidente Kennedy, una vez más, tomaba la palabra y afirmaba categóricamente que no invadiría Cuba y que las fuerzas armadas de los Estados Unidos no intervendrían nunca en los asuntos internos de Cuba. Dos días después, aviones desconocidos bombardeaban nuestros aeropuertos y reducían a cenizas la mayor parte de nuestra fuerza aérea, vetusta, remanente de lo que habían dejado los batistianos en su fuga.
El señor [Adlai] Stevenson, en el Consejo de Seguridad, dio enfática seguridad de que eran pilotos cubanos, de nuestra fuerza aérea, «descontentos con el régimen de Castro», los que habían cometido tal hecho y afirmó haber conversado con ellos.
El día 19 de abril se produce la fracasada invasión donde nuestro pueblo entero, compacto en pie de guerra, demostró una vez más que hay fuerzas mayores que la fuerza indiscriminada de las armas, que hay valores más grandes que los valores del dinero, y se lanzó en tropel por los estrechísimos callejones que conducían al campo de batalla, siendo masacrados en el camino de ellos por la superioridad aérea enemiga. Nueve pilotos cubanos fueron los héroes de aquella jornada, con los viejos aparatos. Dos de ellos rindieron su vida; siete son testigos excepcionales del triunfo de las armas de la libertad.
Acabó Playa Girón, para no decir nada más sobre esto, porque «a confesión de parte relevo de pruebas», señores delegados, el presidente Kennedy tomó sobre sí la responsabilidad total de la agresión. Y, además, quizás en ese momento no recordó las palabras que había pronunciado pocos días antes.
Podríamos pensar nosotros que había acabado la historia de las agresiones. Como dicen los periodistas, les contaré una primicia. El día 26 de julio de este año, grupos contrarrevolucionarios armados en la Base Naval de Guantánamo iban a esperar al comandante Raúl Castro en dos lugares estratégicos, para asesinarlo. El plan era inteligente y macabro. Le tirarían al comandante Raúl Castro mientras iba por la carretera, de su casa a la manifestación con que celebramos nuestra fecha revolucionaria. Si fracasaban, dinamitarían la base, o mejor dicho, harían estallar las bases ya dinamitadas del palco desde donde presidiría nuestro compañero Raúl Castro esa manifestación patriótica. Y pocas horas después, señores delegados, morteros norteamericanos, desde territorio cubano, empezarían a disparar sobre la Base de Guantánamo. El mundo entero, entonces, se explicaría claramente la cosa, los cubanos, exasperados, porque en sus rencillas particulares uno de esos «comunistas que existen ahí» fue asesinado, empezaban a atacar la Base Naval de Guantánamo, y los pobres Estados Unidos no tendrían otra cosa que defenderse.
Ese era el plan, que nuestras fuerzas de seguridad, bastante más efectivas de lo que pudiera suponerse, descubrieron hace unos días.
Bien. Por todo esto que he relatado es por lo que considero que la Revolución cubana no puede venir a esta asamblea de ilustres técnicos a hablar de cosas técnicas. Yo sé que ustedes piensan que además porque no saben, y quizás tengan razón. Pero lo fundamental es que la política y los hechos, tan tozudos que constante mente están presentes en nuestra situación, nos impiden venir a hablar de números o analizar las perfecciones de los técnicos del CIES.
Hay una serie de problemas políticos que están dando vueltas. Uno de ellos es político-económico, es el de los tractores. Quinientos tractores no es un valor de cambio. Quinientos tractores es lo que estima nuestro Gobierno que puede permitirle reparar los daños materiales que hicieron los 1200 mercenarios. No pagan ni una vida, porque las vidas de nuestros ciudadanos no estamos acostumbrados a valorarlas en dólares o en equipos de cualquier clase. Y mucho menos la vida de los niños que murieron en Playa Girón, de las mujeres que murieron en Playa Girón.
Pero nosotros avisamos que si les parece una transacción odiosa del tiempo de la piratería, el cambiar seres humanos —a quienes nosotros llamamos gusanos—, por tractores, podríamos hacer la transacción de seres humanos por seres humanos. Hablamos a los señores de Estados Unidos, les recordábamos al gran patriota Albizu Campos, moribundo ya después de años y años de estar en una mazmorra del imperio, y les ofrecimos lo que quisieran por la libertad de Albizu Campos; recordamos a los países de América que tuvieran presos políticos en sus cárceles que podríamos hacer el cambio, nadie respondió.
Naturalmente, nosotros no podemos forzar ese trueque. Está simple mente, a disposición de quienes estiman que la libertad de los «valerosos» contrarrevolucionarios cubanos —el único ejército del mundo que se rindió completo, casi sin bajas—, quien estime que estos sujetos deben estar en libertad, pues que deje en libertad a sus presos políticos, y toda América estará con sus cárceles resplandecientes, o al menos sus cárceles políticas sin preocupaciones.
Hay algún otro problema, también de índole político-económico. Es, señor Presidente, que nuestra flota aérea de transporte está quedándose, avión por avión, en los Estados Unidos. El procedimiento es simple. Suben algunas damas con armas ocultas en las ropas, se las dan a sus cómplices, los cómplices asesinan al custodio, le ponen en la cabeza la pistola al piloto, el piloto enfila hacia Miami, y una compañía, legalmente, por supuesto —por que en Estados Unidos todo se hace legalmente—, establece un recurso por deudas contra el Estado cubano, y entonces el avión se confisca.
Pero resulta que hubo uno de los tantos cubanos patriotas —además hubo un norteamericano patriota, pero ese no es nuestro— que andaba por ahí, y él solito, sin que nadie le dijera nada, decidió enmendar la plana de los robadores de bimotores, y trajo a las playas cubanas un cuatrimotor precioso. Naturalmente, nosotros no vamos a utilizar ese cuatrimotor, que no es nuestro. La propiedad privada la respetamos nosotros, pero exigimos el derecho de que se nos respete, señores; exigimos el derecho de que no haya más farsas; el derecho de que haya órganos americanos que puedan hablar y decirles a los Estados Unidos: «Señores, ustedes están haciendo un vulgar atropello; no se pueden quitar los aviones a un Estado, aunque esté contra ustedes; esos aviones no son suyos, devuelvan esos aviones, o serán sancionados.»
Naturalmente, sabemos que, desgraciadamente, no hay organismo interamericano que tenga esa fuerza. Apelamos sin embargo, en este augusto cónclave, al sentimiento de equidad y justicia de la delegación de los Estados Unidos, para que se normalice la situación de los robos respectivos de aviones.
[El Presidente del consejo interrumpe al delegado de Cuba]
Señor Presidente: La presidencia observa que no se puede hacer ninguna clase de manifestación.
Señor delegado de Cuba: Bien, señor Presidente.
Es necesario explicar qué es la Revolución cubana, qué es este hecho especial que ha hecho hervir la sangre de los imperios del mundo y también hervir la sangre, pero de esperanza, de los desposeídos del mundo, al menos.
Es una Reforma Agraria, antifeudal y antimperialista, que fue transformándose por imperio de su evolución interna y de sus agresiones externas, en una revolución socialista y que la proclama así, ante la faz de América: Una revolución socialista. Una revolución socialista que tomó la tierra del que tenía mucho y se la dio al que estaba asalariado en esa tierra, o la distribuyó en cooperativas entre otros grupos de personas que no tenían ni siquiera tierra donde trabajar, aun cuando fuera como asalariado.
Es una revolución que llegó al poder con su propio ejército y sobre las ruinas del ejército de la opresión; que se sentó en el poder, miró a su alrededor, y se dedicó, sistemáticamente, a destruir todas las formas anteriores de dictaduras de una clase explotadora sobre la clase de los explotados, destruyó el ejército totalmente, como casta, como institución, no como hombres, salvo los criminales de guerra, que fueron fusilados. También de cara a la opinión pública del continente y con la conciencia bien tranquila.
Es una revolución que ha reafirmado la soberanía nacional y, por primera vez, ha planteado para sí y para todos los pueblos de América, y para todos los pueblos del mundo, la reivindicación de los territorios injustamente ocupados por otras potencias.
Es una revolución que tiene una política exterior independiente, que viene aquí a esta reunión de Estados Americanos, como uno más entre los latinoamericanos; que va a la reunión de los países no alineados como uno de sus miembros importantes y que se sienta en las deliberaciones con los países socialistas, y que estos le consideran un país hermano.
Es, pues, una revolución con características humanistas. Es solidaria con todos los pueblos oprimidos del mundo; solidaria, señor Presidente, porque también decía Martí: «Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.» Y cada vez que una potencia imperial avasalla a un territorio, le está dando una bofetada a todos los habitantes de ese territorio.
Por eso nosotros luchamos por la independencia de los países, luchamos por la reivindicación de los territorios ocupados. Apoyamos a Panamá, que tiene un pedazo de su territorio ocupado por los Estados Unidos. Llamamos Islas Malvinas, y no Falkland, a las del sur de Argentina, y llamamos Isla del Cisne a la que Estados Unidos arrebató a Honduras y desde donde nos está agrediendo por medios telegráficos y radiales.
Luchamos constantemente aquí, en América, por la independencia de las Guayanas y de las Antillas Británicas, donde aceptamos el hecho de Belice independiente, porque Guatemala ya ha renunciado a su soberanía sobre ese pedazo de su territorio; y luchamos también en el África, en el Asia, en cualquier lugar del mundo donde el poderoso oprime al débil para que el débil alcance su independencia, su autodeterminación y su derecho a dirigirse como estado soberano.
Nuestro pueblo, permítasenos decirlo, en ocasión del terremoto que asoló a Chile, fue a ayudarlo en la medida de sus fuerzas, con su producto único, con el azúcar. Una ayuda pequeña, pero sin embargo, fue una ayuda que no exigía nada; fue simplemente la entrega al país hermano, al pueblo hermano, de algo de alimento para sobrellevar esas horas angustiosas. Ni nos tiene que agradecer nada ese pueblo, ni mucho menos, nos debe nada. Nuestro deber hizo que entregáramos lo que entregamos.
Nuestra revolución nacionalizó la economía nacional, nacionalizó todo el comercio exterior, que está ahora en manos del Estado, y se dedicó a su diversificación, comerciando con todo el mundo; nacionalizó el sistema bancario para tener en sus manos el instrumento eficaz con que ejercer técnicamente el crédito de acuerdo con las necesidades del país. Hace participar a sus trabajadores en la dirección de la economía nacional planificada, y ha realizado, hace pocos meses, la Reforma Urbana, mediante la cual entregó a cada habitante del país la casa donde residía, quedando dueño de aquella con la sola condición de pagar lo mismo que estaba pagando hasta ese momento, de acuerdo con una tabla, durante determinado número de años.
Tomó muchas medidas de afirmación de la dignidad humana, incluyendo entre las primeras, la abolición de la discriminación racial, que existía, señores delegados; en una forma sutil, pero existía. Las playas de nuestra isla no servían para que se bañaran el negro ni el pobre, porque pertenecían a un club privado, y venían turistas de otras playas a los que no les gusta bañarse con los negros.
Nuestros hoteles, los grandes hoteles de La Habana, que eran construidos por compañías extranjeras, no permitían dormir allí a los negros, porque a los turistas que venían de otros países no les gustaban los negros.
Así era nuestro país; la mujer no tenía ninguna clase de derecho igualitario; se le pagaba menos por el trabajo igual, se le discriminaba como en la mayoría de nuestros países americanos.
La ciudad y el campo eran dos zonas en permanente lucha y de esa lucha sacaba el imperialismo la fuerza de trabajo suficiente, para pagar mal y a destiempo.
Nosotros realizamos una revolución en todo esto y realizamos, también, una auténtica revolución en la educación, la cultura y la salud. Este año queda eliminado el analfabetismo en Cuba. Ciento cuatro mil alfabetizadores de todas las edades alfabetizan a un millón doscientos cincuenta mil analfabetos, porque en Cuba sí había analfabetos, muchos más de los que las estadísticas oficiales de tiempos anteriores decían.
Este año, la enseñanza primaria será en forma gratuita y obligatoria, hemos convertido los cuarteles en escuelas; hemos realizado la reforma universitaria, dando libre acceso a todo el pueblo a la cultura superior, las ciencias y la tecnología moderna, hemos hecho una gran exaltación de los valores nacionales, frente a la deformación cultural producida por el imperialismo, y las manifestaciones de nuestro arte recogen los aplausos de todos los pueblos del mundo —de todos no, en algunos lugares no los dejan entrar—, exaltación del patrimonio cultural de toda nuestra América Latina, que se manifiesta en premios anuales dados a literatos de todas las latitudes de América, y cuyo premio de poesía, señor Presidente, ganó el laureado poeta Roberto Ibáñez, en la última confrontación; hemos extendido la función de la medicina en beneficio de campesinos y trabajadores urbanos humildes; deportes para todo el pueblo, que se refleja en 75 000 personas desfilando el 25 de julio en una fiesta deportiva realizada en honor del primer cosmonauta del mundo, Yuri Gagarin; la apertura de las playas populares, a todos, por supuesto sin distinción de colores ni de ideología, y, además, gratuita; y los círculos sociales obreros, en que fueron transformados todos los círculos exclusivistas de nuestro país, que había muchos.
Bien, señores técnicos, compañeros delegados, ha llegado la hora de referirse a la parte económica del temario. El punto I, es muy amplio. Hecho también por técnicos muy sesudos, es la planificación del desarrollo económico y social en la América Latina. La primera incongruencia que observamos en el trabajo está expresada en esta frase: «A veces se expresa la idea de que un aumento en el nivel y la diversidad de la actividad económica redunda necesariamente en la mejoría de las condiciones sanitarias. Sin embargo, el grupo es de opinión que el mejoramiento de las condiciones sanitarias no solo es deseable en sí mismo, sino que constituye un requisito esencial, previo al crecimiento económico y debe formar, por lo tanto, parte esencial de los programas de desarrollo de la región.»
Esto, por otra parte, se ve reflejado, también, en la estructura de los préstamos del Banco Internacional de Desarrollo, pues en el análisis que hicimos de los 120 millones prestados en primer término, 40 millones, es decir, una tercera parte, corresponden directa mente a préstamos de este tipo; para casas de habitación, para acueductos, alcantarillados.
Es un poco... yo no sé, pero casi lo calificaría como una condición colonial. Me da la impresión de que se está pensando en hacer la letrina como una cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condición subhumana; «vamos a hacerle letrinas y entonces, después que le hagamos letrinas, y después que su educación le haya permitido mantenerla limpia, entonces podrá gozar de los beneficios de la producción.» Porque es de hacer notar, señores delegados, que el tema de la industrialización no figura en el análisis de los señores técnicos. Para los señores técnicos, planificar es planificar la letrina. Lo demás, ¡quién sabe cuándo se hará!
Si me permite, el señor Presidente, lamentaré profundamente, en nombre de la delegación cubana, haber perdido los servicios de un técnico tan eficiente como el que dirigió este primer grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos años Cuba sería el paraíso de la letrina, aun cuando no tuviéramos ni una de las 250 fábricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiéramos hecho Reforma Agraria.
Yo me pregunto, señores delegados, si es que se pretende tomar el pelo, no a Cuba, porque Cuba está al margen, puesto que la Alianza para el Progreso no está con Cuba, sino en contra, y no se establece darle un centavo a Cuba, pero sí a todos los demás delegados.
¿No se tiene un poco la impresión de que se les está tomando el pelo? Se dan dólares para hacer carreteras, se dan dólares para hacer caminos, se dan dólares para hacer alcantarillas; señores, ¿con qué se hacen las alcantarillas? No se necesita ser un genio para eso. ¿Por qué no se dan dólares para equipos, dólares para maquinarias, dólares para que nuestros países subdesarrollados, todos, puedan convertirse en países industriales, agrícolas, de una vez? Realmente, es triste.
En la página 10, en los elementos de planificación del desarrollo, en el punto VI, se establece quién es el verdadero autor de este plan.
Dice el punto VI: «Establecer bases más sólidas para la concesión y utilización de ayuda financiera externa, especialmente el proporcionar criterios eficaces para evaluar proyectos individuales.»
Nosotros no vamos a establecer las bases más sólidas para la con cesión y utilización, porque nosotros no somos, son ustedes los que reciben, no los que conceden, y nosotros quienes miramos, y quienes conceden son los Estados Unidos. Entonces este punto VI es redactado directamente por los Estados Unidos y este es el espíritu de todo este engendro llamado punto I.
Pero bien, quiero dejar constancia de una cosa; hemos hablado mucho de política, hemos denunciado que hay aquí una confabulación política; en conversaciones con los señores delegados hemos puntualizado el derecho de Cuba a expresar estas opiniones, porque se ataca directamente a Cuba en el punto V.
Sin embargo, Cuba no viene, como pretenden algunos periódicos o muchos voceros de empresas de información extranjera, a sabotear la reunión.
Cuba viene a condenar lo condenable desde el punto de vista de los principios, pero viene también a trabajar armónicamente, si es que se puede, para conseguir enderezar esto, que ha nacido muy torcido, y está dispuesta a colaborar con todos los señores delegados para enderezarlo y hacer un bonito proyecto.
El honorable señor Douglas Dillon, en su discurso, citó el financiamiento, porque es importante. Nosotros, para juntarnos todos a hablar de desarrollo tenemos que hablar de financiamiento, y todos nos hemos juntado para hablar con el único país que tiene capitales para financiar.
Dice el señor Dillon: «Mirando hacia los años venideros a todas las fuentes de financiamiento externo —entidades internacionales, Europa y el Japón, así como Norteamérica, las nuevas inversiones privadas y las inversiones de fondos públicos—, si Latinoamérica toma las medidas internas necesarias, condición previa, podrá lógicamente esperar que sus esfuerzos» —no es tampoco que si toma las medidas ya está, sino que «podrá lógicamente esperar»—, «serán igualados por un flujo de capital del orden de por lo menos 20 000 millones de dólares en los próximos diez años. Y la mayoría de estos fondos procederán de fuentes oficiales.»
¿Esto es lo que hay? No, lo que hay son 500 millones aprobados, esto es de lo que se habla. Bien, hay que puntualizar bien esto, porque es el centro de la cuestión. ¿Qué quiere decir? — y yo aseguro que no lo pregunto por nosotros, sino en el bien de todos. ¿Qué quiere decir «si Latinoamérica toma las medidas internas necesarias»? y ¿qué quiere decir «podrá lógicamente esperar»?
Creo que después, en el trabajo de las comisiones o en el momento en que el representante de los Estados Unidos lo juzgue oportuno, habrá que precisar un poco este detalle, porque 20 000 millones es una cifra interesante. Es nada menos que 2/3 de la cifra que nuestro Primer Ministro anunció como necesaria para el desarrollo de América; un poquito más que se empuje y llegamos a los 30 000 millones. Pero hay que llegar a esos 30 000 millones contantes y sonantes, uno a uno, en las arcas nacionales de cada uno de los países de América, menos esta pobre cenicienta que, probable mente, no recibirá nada.
Allí es donde nosotros podemos ayudar, no en plan de chantaje, como se está previniendo, porque se dice: no, Cuba es la gallina de los huevos de oro, está Cuba, mientras esté Cuba, los Estados Unidos dan. No, nosotros no venimos en esa forma, nosotros venimos a trabajar, a tratar de luchar en el plano de los principios y las ideas, para que nuestros pueblos se desarrollen, porque todos o casi todos los señores representantes le han dicho: si la Alianza para el Progreso fracasa nada puede detener las olas de los movimientos populares; si la Alianza para el Progreso fracasa y nosotros estamos interesados en que no fracase, en la medida en que signifique para América una real mejoría en los niveles de vida de todos sus 200 millones de habitantes. Puedo hacer esta afirmación con honestidad y con toda sinceridad.
Nosotros hemos diagnosticado y previsto la revolución social en América, la verdadera, porque los acontecimientos se están desarrollando de otra manera, porque se pretende frenar a los pueblos con bayonetas y cuando el pueblo sabe que puede tomar las bayonetas y volverlas contra quien las empuña, ya está perdido quien las empuña. Pero si el camino de los pueblos se quiere llevar por este del desarrollo lógico y armónico, por préstamos a largo plazo, con intereses bajos, como anunció el señor Dillon, a 50 años de plazo, también nosotros estamos de acuerdo.
Lo único, señores delegados, es que todos juntos tenemos que trabajar para que aquí se concrete esa cifra y para asegurar que el Congreso de Estados Unidos la apruebe; porque no se olviden que estamos frente a un régimen presidencial y parlamentario, no es una dictadura como Cuba donde se para un señor representante de Cuba, habla en nombre del gobierno, y hay responsabilidad de sus actos; aquí, además, tiene que ser ratificado allí, y la experiencia de todos los señores delegados es que muchas veces no fueron ratificadas allí las promesas que se hicieron aquí...
La tasa de crecimiento que se da como una cosa bellísima para toda América, es 2,5% de crecimiento neto. Bolivia anunció 5% para 10 años, nosotros felicitamos al representante de Bolivia y le decimos, que con un poquito de esfuerzo y de movilización de las fuerzas populares, puede decir 10%. Nosotros hablamos de 10% de desarrollo sin miedo alguno, 10% de desarrollo es la tasa que prevé Cuba para los años venideros.
¿Qué indica esto, señores delegados? Que si cada uno va por el camino que va, cuando América, que actualmente tiene aproximadamente un per cápita de 330 dólares, ve crecer su producto neto en 2,5%, va a tener 500 dólares allá por el año 1980, 500 dólares per cápita. Claro que para muchos países es un verdadero fenómeno. ¿Qué piensa tener Cuba en el año 1980? Pues un ingreso neto per cápita de unos 3 000 dólares; más que los Estados Unidos. Y si no nos creen, perfecto, aquí estamos para la competencia, señores. Que se nos deje en paz, que nos dejen desarrollar y que dentro de 20 años vengamos todos de nuevo a ver si el canto de sirena era el de la Cuba revolucionaria o era otro. Pero nosotros anunciamos, responsablemente, esa tasa de crecimiento anual.
Los expertos sugieren sustitución de ineficientes latifundios y minifundios por fincas bien equipadas. Nosotros decimos: ¿quieren hacer Reforma Agraria? Tomen la tierra al que tiene mucha y dénsela al que no tiene. Así se hace Reforma Agraria. Lo demás es canto de sirena. La forma de hacerla; si se entrega un pedazo de parcela, de acuerdo con todas las reglas de la propiedad privada; si se hace en propiedad colectiva; si se hace una mezcla —como tenemos nosotros—, eso depende de las peculiaridades de cada pueblo; pero la Reforma Agraria se hace liquidando los latifundios, no yendo a colonizar allá lejos.
Y así podría hablar de la redistribución del ingreso que en Cuba se hizo efectiva, porque se le quita a los que tienen más y se les permite tener más a los que no tienen nada o a los que tienen menos, porque hemos hecho la Reforma Agraria, porque hemos hecho la Reforma Urbana, porque hemos rebajado las tarifas eléctricas y telefónicas —que entre paréntesis, esta fue la primera escaramuza con las compañías monopolistas extranjeras—, porque hemos hecho círculos sociales obreros y círculos infantiles, donde los niños de los obreros van a recibir alimentación y viven mientras sus padres trabajan; porque hemos hecho playas populares y porque hemos nacionalizado la enseñanza, que es absolutamente gratuita. Además, estamos trabajando en un amplio plan de salud.
De industrialización hablaré aparte, porque es la base fundamental del desarrollo y así lo interpretamos nosotros.
Pero, hay un punto que es muy importante —es el filtro, el purificar, los técnicos, creo que son siete, de nuevo, señores— el peligro de la letrinocracia, metido en medio de los acuerdos con que los pueblos quieren mejorar su nivel de vida; otra vez políticos disfrazados de técnicos diciendo: aquí sí y aquí no; porque tú has hecho tal cosa y tal cosa, sí, pero en realidad, porque eres un fácil instrumento de quien da los medios; y a ti no, porque has hecho esto mal; pero en realidad, porque no eres instrumento de quien da los medios, porque dices por ejemplo, que no puedes aceptar como precio de algún préstamo, que Cuba sea agredida.
Ese es el peligro, sin contar que los pequeños, como en todos lados, son los que reciben poco o nada. Hay, señores delegados, un solo lugar donde los pequeños tienen derecho al «pataleo», y es aquí, donde cada voto es un voto, y donde eso hay que votarlo, y pueden los pequeños —si están en actitud de hacerlo—, contar con el voto militante de Cuba en contra de las medidas de los «siete», que es esterilizante, purificante y estimada a canalizar el crédito con disfraces técnicos por caminos diferentes.
¿Cuál es la posición que verdaderamente conduce a una auténtica planificación, que debe tener coordinación con todos pero que no puede estar sujeta a ningún otro organismo supra nacional? Nosotros entendemos —y así lo hicimos en nuestro país— señores delegados, que la condición previa para que haya una verdadera planificación económica es que el poder político esté en manos de la clase trabajadora. Ese es el sine qua non de la verdadera planificación para nosotros. Además es necesaria la eliminación total de los monopolios imperialistas y el control estatal de las actividades productivas fundamentales. Amarrados bien de esos tres cabos, se entra a la planificación del desarrollo económico; si no, se perderá todo en palabras, en discursos y en reuniones.
Además, hay dos requisitos que permitirán hacer o no que este desarrollo aproveche las potencialidades dormidas en el seno de los pueblos, que están esperando que despierten. Son, por un lado, el de la dirección central racional de la economía por un poder único, que tenga facultades de decisión —no estoy hablando de facultades dictatoriales, sino facultades de decisión— y, por otro, el de la participación activa de todo el pueblo en las tareas de la planificación. Naturalmente, para que todo el pueblo participe en las tareas de la planificación, tendrá que ser todo el pueblo dueño de los me dios de producción, si no, difícilmente participará. El pueblo no querrá, y los dueños de las empresas donde trabaja me parece que tampoco.
Bien, podemos hablar unos minutos de lo que Cuba ha obtenido por su camino, comerciando con todo el mundo, «yendo por las vertientes del comercio», decía Martí.
Nosotros tenemos firmados, hasta estos momentos, créditos por 357 millones de dólares con los países socialistas y estamos en conversaciones —que son conversaciones de verdad— por ciento cuarenta y pico de millones más, con lo cual llegaremos a los 500 millones, en préstamos en estos cinco años.
Ese préstamo que nos da posesión y el dominio de nuestro desarrollo económico, llega, como dijimos, a los 500 millones —la cifra que los Estados Unidos dan a toda América— solamente para nuestra pequeña república. Esto, llevado a la República de Cuba, trasladado a América, significaría que los Estados Unidos para proporcionar o para hacer el mismo trabajo, tendría que dar 15 000 millones de dólares —hablo de pesos a dólares, porque en nuestro país valen lo mismo.
Treinta mil millones de dólares en diez años; la cifra que nuestro Primer Ministro solicitara y con eso, si hay una acertada conducción del proceso económico, América Latina, en solo cinco años sería otra cosa.
Pasamos, ahora, al punto II del temario. Y, naturalmente, antes de analizarlo, formularemos una cuestión política. Amigos nuestros —que hay muchos, aunque no lo parezca—, en estas reuniones, nos preguntaban si estábamos dispuestos a reingresar al seno de las naciones latinoamericanas, y estamos luchando porque no se nos expulse, porque no se nos obligue a abandonar el seno de las repúblicas latinoamericanas. Lo que no queremos es ser arria, como hablara Martí. Sencillamente eso. Nosotros denunciamos los peligros de la integración económica de la América Latina, por que conocemos los ejemplos de Europa, y además, América Latina ha conocido ya en su propia carne lo que costó para ella la integración económica de Europa. Denunciamos el peligro de que los monopolios internacionales manejaran totalmente los procesos del comercio dentro de las asociaciones de libre comercio. Pero nosotros lo anunciamos también aquí, al seno de la Conferencia, y esperamos que se nos acepte, que estamos dispuestos a ingresar a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, como uno más, criticando también lo que haya que criticar, pero cumpliendo todos los requisitos, siempre y cuando se respete, de Cuba, su peculiar organización económica y social, y se acepte ya como un hecho consumado e irreversible, su gobierno socialista.
Y, además, la igualdad de trato y el disfrute equitativo de las ventajas de la división internacional del trabajo, también deben ser extensivos a Cuba. Cuba debe participar activamente y puede contribuir mucho, para mejorar muchos de los grandes «cuellos de botella», que existen en las economías de nuestros países, con la ayuda de la economía planificada, dirigida centralmente y con una meta clara y definida.
Sin embargo, Cuba propone también las siguientes medidas: pro pone la iniciación de negociaciones bilaterales inmediatas para la evacuación de bases o territorios en países miembros ocupados por otros países miembros, para que no se produzcan casos como el que denunciaba la delegación de Panamá, donde la política financiera de Panamá no se puede cumplir en un pedazo de su territorio. A nosotros nos ocurre lo mismo, y quisiéramos que desapareciera esa anomalía, hablando desde el punto de vista económico.
Nosotros proponemos el estudio de planes racionales de desarrollo y la coordinación de asistencia técnica y financiera de todos los países industrializados, sin distinciones ideológicas ni geográficas de ninguna especie; nosotros proponemos también que se recaben las garantías para salvaguardar los intereses de los países miembros más débiles: la proscripción de los actos de agresión económica de unos miembros contra otros; la garantía para proteger a los empresarios latinoamericanos contra la competencia de los monopolios extranjeros; la reducción de los aranceles norteamericanos para productos industriales de los países latinoamericanos integrados, y establecimos que, a nuestro juicio, el financiamiento externo sería bueno que solo se produjera con inversiones directas que reunieran las siguientes condiciones: no sujetarlos a exigencias políticas, no discriminarlos contra empresas estatales, asignarlos de acuerdo con los intereses del país receptor, que no tengan tasas de interés mayor del tres por ciento, que su plazo de amortización no sea inferior a 10 años y pueda ser ampliable por dificultades en la balanza de pagos; proscripción de la incautación o confiscación de naves y aeronaves de un país miembro por otro; iniciación de reformas tributarias que no incidan sobre las masas trabajadoras y protejan contra la acción de los monopolios extranjeros.
El punto III del temario ha sido tratado con la misma delicadeza por los señores miembros: con sus dos suaves pincitas han tomado el asunto, han levantado un poquito el velo, y lo han dejado caer inmediatamente, porque la cosa es dura...
«Hubiera sido deseable —dice— y hasta tentador para el grupo formular recomendaciones ambiciosas y espectaculares... No lo hizo, sin embargo, debido a los numerosos y complejos problemas técnicos que habría sido necesario resolver. Así es como las recomendaciones que se formulan tuvieron necesariamente que limitarse a aquellos que se consideraron técnicamente realizables.»
No sé si seré demasiado perspicaz, pero creo leer entre líneas, que no hay pronunciamiento. La delegación cubana plantea en forma concreta que de esta reunión debe obtenerse: garantía de precios estatales, sin «pudiera» ni «podría»; sin «examinaríamos» ni «examinaremos», sino garantías de precios estables, mercados crecientes o al menos estables, garantías contra agresiones, o garantías contra la suspensión unilateral de compras, en mercados tradicionales, garantías contra el dumping de excedentes agrícolas subsidiadas, garantías contra el proteccionismo a la producción de productos primarios, creación de las condiciones en los países industrializados para las compras de productos primarios con mayor grado de elaboración.
Cuba manifiesta que sería deseable que la delegación de Estados Unidos conteste, en el seno de las comisiones, si continuará subsidiando su producción de cobre, de plomo, de zinc, de azúcar, de algodón, de trigo o de lana. Cuba pregunta si Estados Unidos continuará presionando para que los excedentes de productos primarios no sean vendidos a los países socialistas, ampliando así su mercado.
Y viene el punto V del temario, porque el IV es nada más que un informe. Este punto V es la otra cara de la moneda. Fidel Castro dijo, en ocasión de la Conferencia de Costa Rica, que los Estados Unidos habían ido «con una bolsa de oro en una mano y un garrote en la otra». Hoy, aquí, los Estados Unidos vienen con la bolsa de oro —afortunadamente más grande— en una mano, y la barrera para aislar a Cuba en la otra. Es, de todas maneras, un triunfo de las circunstancias históricas.
Pero en el punto V del temario se establece un programa de medidas en América Latina para la regimentación del pensamiento, la subordinación del movimiento sindical y, si se puede, la preparación de la agresión militar contra Cuba.
Se prevén tres pasos, a través de toda la lectura: movilización, desde ahora mismo, de los medios de difusión y propaganda latinoamericana contra la Revolución cubana y contra las luchas de nuestros pueblos por su libertad; constitución, en reunión posterior, de una federación interamericana de prensa, radio, televisión y cine, que permita a Estados Unidos dirigir la política de todos los órganos de opinión de América Latina, de todos —ahora no hay muchos que estén fuera de su esfera de influencia, pero pretende de todos modos controlar monopolíticamente las nuevas empresas de información y absorber a cuantas sea posible de las antiguas.
Todo esto para hacer algo insólito que se ha anunciado aquí con toda tranquilidad. Se pretende, señores delegados, establecer el Mercado Común de la Cultura, organizado, dirigido, pagado, domesticado; la cultura toda de América al servicio de los planes de propaganda del imperialismo, para demostrar que el hambre de nuestro pueblo no es hambre, sino pereza ¡magnífico! Frente a esto, nosotros respondemos: debe hacerse una exhortación a que los órganos de opinión de América Latina se hagan partícipes de los ideales de liberación nacional de cada pueblo latino americano. Se debe hacer una exhortación al intercambio de información, medios culturales, órganos de prensa, y la realización de visitas directas sin discriminaciones entre nuestros pueblos, porque un norteamericano que va a Cuba tiene cinco años de prisión en estos momentos; a los gobiernos latinoamericanos para que garanticen las libertades que permitan al movimiento obrero la organización sindical independiente, la defensa de los intereses de los obreros y la lucha por la independencia verdadera de sus pueblos; y condenación total, absoluta, del punto V, como un intento del imperialismo de domesticar lo único que nuestros pueblos estaban ahora salvando del desastre: la cultura nacional.
Me voy a permitir, señores delegados, dar un esquema de los objetivos del primer plan de desarrollo económico de Cuba en este próximo cuatrienio. La tasa del crecimiento global será del 12%, es decir, más del 9,5% per cápita neto, en material industrial, transformación de Cuba en el país más industrial de América Latina en relación con su población, como lo indican los datos siguientes: Primer lugar en América Latina en la producción per cápita de acero, cemento, energía eléctrica y, exceptuando Venezuela, refinación de petróleo; primer lugar en América Latina en tractores, rayón, calzado, tejidos, etc.; segundo lugar en el mundo en producción de níquel metálico (hasta hoy Cuba solo había producido concentrados); la producción de níqueles en 1965 será de 70 000 toneladas métricas, lo que constituye aproximadamente el 30% de la producción mundial; y, además, producirá 2 600 millones de toneladas métricas de cobalto metálico; producción de 8,5 a 9 millones de toneladas de azúcar; inicio de la transformación de la industria azucarera en sucroquímica.
Para lograr estas medidas, fáciles de anunciar, que demandan un enorme trabajo y el esfuerzo de todo un pueblo para cumplirse y un financiamiento externo muy grande, hecho con un criterio de ayuda y no de explotación, se han tomado las siguientes me di das; se van a hacer inversiones en industrias por más de 1 000 millones de pesos —el peso cubano equivale al dólar—, en la instalación de 800 megawatts de generación eléctrica. En 1960 la capacidad instalada —exceptuando la industria azucarera, que trabaja temporalmente— era de 621 megawatts. Instalación de 205 industrias, entre las cuales las más importantes son las 22 siguientes: una nueva planta de refinación de níquel metálico, lo que elevará el total a 70 000 toneladas; una refinería de petróleo para 2 millones de toneladas de petróleo crudo; la primera planta siderúrgica de 700 000 toneladas y que en este cuatrienio llegará a las 500 000 toneladas de acero; la ampliación de nuestras plantas para producir tubos de acero con costura, en 25 000 toneladas métricas; tractores, 5 000 unidades anuales; motocicletas, 10 000 unidades anuales; tres plantas de cemento y ampliación de las existentes por un total de 1 millones toneladas, lo que elevará nuestra producción a 2 500 000 toneladas anuales; envases metálicos, 201 millones de unidades; ampliación de nuestras fábricas de vidrio a 23 700 toneladas métricas anuales; en vidrio plano, 1 millones de metros cuadrados; una fábrica nueva de chapas de bagazo, 10 000 metros cúbicos; una planta de celulosa de bagazo, 60 000 tone ladas métricas aparte de una de celulosa de madera para 40 000 toneladas métricas anuales; una planta de nitrato de amonio, 60 000 toneladas; 81 000 toneladas métricas de superfosfato triple; 132 000 toneladas métricas de ácido nítrico; 85 000 toneladas métricas de amoníaco, 8 nuevas fábricas textiles y ampliación de las existentes con 451 000 husos; una fábrica de sacos de kenaf para 16 millones de sacos, y así, otras de menor importancia, hasta el número de 205 hasta estos momentos.
Estos créditos han sido contratados hasta el presente de la siguiente forma: 200 millones de dólares con la Unión Soviética; 60 millones de dólares con la República Popular China; 40 millones con la República Socialista de Checoslovaquia; 15 millones con la República Popular de Rumania; 15 millones con la República Popular de Hungría; 12 millones con la República Popular de Polonia; 10 millones con la República Democrática Ale mana y 5 millones con la República Democrática de Bulgaria. El total contratado hasta la fecha es de 357 millones. Las nuevas negociaciones que esperamos culminar pronto son fundamentalmente con la Unión Soviética que, como país más industrializado del área socialista, es el que nos ha brindado su apoyo más decidido.
En materia agrícola, se propone Cuba alcanzar la autosuficiencia en la producción de alimentos, incluyendo grasas y arroz, no en trigo, autosuficiencia en algodón y fibras duras; creación de excedentes exportables de frutas tropicales y otros productos agrícolas cuya contribución a las exportaciones triplicarán los niveles actuales.
En materia de comercio exterior, aumentará el valor de las exportaciones el 75% en relación con el año 1960; diversificación de la economía; el azúcar y sus derivados serán alrededor del 60% del valor de las exportaciones, y no el 80% como ahora. En materia de construcción: eliminación del 40% del déficit actual de vivienda, incluyendo los bohíos, que son los ranchos nuestros; combinación racional de materiales de construcción para que, sin sacrificar la calidad, aumente el uso de los materiales locales.
Hay un punto en que me gustaría detenerme un minuto; es en la educación. Nos hemos reído del grupo de técnicos que ponía la educación y la sanidad como condición sine qua non para iniciar el camino del desarrollo. Para nosotros eso es una aberración, pero no es menos cierto que una vez iniciado el camino del desarrollo, la educación debe marchar paralela a él. Sin una educación tecnológica adecuada, el desarrollo se frena. Por lo tanto, Cuba ha realizado la reforma integral de la educación, ha ampliado y mejorado servicios educativos y ha planificado integralmente la educación. Actualmente está en primer lugar en América Latina en la asignación de recursos para la educación; se dedica el 5,3% del ingreso nacional. Los países desarrollados emplean del 3 al 4, y América Latina del uno al 2% del ingreso nacional. En Cuba el 28,3% de los gastos corrientes del Estado son para el Ministerio de Educación; incluyendo otros organismos que gastan en educación, sube ese porcentaje al 30%. Entre los países latinoamericanos, la mayoría emplean el 21% de su presupuesto.
El aumento del presupuesto de educación, de 75 millones en 1958 a 128 millones en 1961, un 71% de crecimiento. Y los gastos totales de educación, incluyendo alfabetización y construcciones escolares, en 170 millones; 25 pesos per cápita. En Dinamarca, por ejemplo, se gastan 25 pesos per cápita al año en educación; en Francia, 15; en América Latina, 5. Creación, en 2 años, de 10 000 aulas y nombramiento de 10 000 nuevos maestros. Es el primer país de Latinoamérica que satisface plena mente las necesidades de instrucción primaria para toda la población escolar, aspiración del proyecto principal de la UNESCO en América Latina para 1978, ya satisfecha en este momento en Cuba.
Estas medidas y estas cifras realmente maravillosas y absolutamente verídicas que presentamos aquí, señores delegados, han sido posibles por las siguientes medidas: nacionalización de la enseñanza, haciéndola laica y gratuita y permitiendo el aprovechamiento total de sus servicios; creación de un sistema de becas que garantice la satisfacción de todas las necesidades de los estudiantes, de acuerdo con el siguiente plan: becas, 20 000 para escuelas secundarias básicas, de séptimo a noveno grados; 3 000 para institutos preuniversitarios; 3 000 para instrumentos de arte; 6 000 las universidades; 1 500 para cursos de inseminación artificial; 1 200 para cursos sobre maquinaria agrícola; 14 000 para cursos de corte y costura y preparación básica para el hogar, para las campesinas; 1 200 para preparación de maestros de montañas; 750 para cursos de iniciación del magisterio primario; 10 000, entre becas y «bolsas de estudios», para alumnos de enseñanza tecnológica; y, además, cientos de becas para estudiar tecnología en los países socialistas; creación de 100 centros de educación secundaria, con lo que cada municipio tendrá por lo menos uno.
Este año, en Cuba, como anuncié, se liquida el analfabetismo. Es un maravilloso espectáculo. Hasta el momento actual 104 500 brigadistas, casi todos ellos estudiantes de entre 10 y 18 años, han inundado el país de un extremo a otro para ir directamente al bohío del campesino, para ir a la casa del obrero, para convencer al hombre anciano que ya no quiere estudiar, y liquidar, así, el analfabetismo en Cuba.
Cada vez que una fábrica liquida el analfabetismo entre sus obreros, iza una bandera azul que anuncia el hecho al pueblo de Cuba; cada vez que una cooperativa liquida el analfabetismo entre sus campesinos, levanta la misma enseña. Y 104 500 jóvenes estudiantes, que tienen como enseña un libro y un farol, para dar la luz de la enseñanza en las regiones atrasadas, y que pertenecen a las Brigadas «Conrado Benítez”», con lo cual se honra el nombre del primer mártir de la educación de la Revolución cubana, que fue ahorcado por un grupo de contrarrevolucionarios por el grave delito de estar en las montañas de nuestra tierra, enseñando a leer a los campesinos.
Esa es la diferencia, señores delegados, entre nuestro país y los que lo combaten. Ciento cincuenta y seis mil alfabetizadores voluntarios, que no ocupan su tiempo completo como obreros y profesionales, trabajan en la enseñanza; 32 000 maestros dirigen ese ejército, y solo con la cooperación activa de todo el pueblo de Cuba se pueden haber logrado cifras de tanta trascendencia. Se ha hecho todo eso en un año, o mejor dicho, en dos años: siete cuarteles regimentales se han convertido en ciudades escolares; 27 cuarteles en escuelas, y todo esto bajo el peligro de las agresiones imperialistas. La Ciudad Escolar «Camilo Cienfuegos» tiene actualmente 5 000 alumnos procedentes de la Sierra Maestra, y en construcción unidades para 20 alumnos; se proyecta construir una ciudad similar en cada provincia; cada ciudad escolar se autoabastecerá de alimentos, iniciando a los niños campesinos en las tareas de las técnicas agrícolas.
Además, se han establecido nuevos métodos de enseñanza. La escuela primaria pasó de 1958 a 1959, de 602 000 a 1 231 700 alumnos; la secundaria básica de 21 900 a 83 800; comercio, de 8 900 a 21 300; tecnológicamente de 5 600 a 11 500.
Se han invertido 48 millones de pesos en construcciones escolares en solo dos años. La Imprenta Nacional garantiza textos y demás impresos para todos los escolares, gratuitamente. Dos cadenas de televisión, que cubren todo el territorio nacional, son un poderoso medio de difusión masiva para la enseñanza. Asi mismo, toda la radio nacional está al servicio del Ministerio de Educación. El Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, cuyas siglas son el INDER, promueve el desarrollo físico en forma masiva. Ese es, señores delegados, el panorama cultural de Cuba en estos momentos.
Ahora viene la parte final de nuestra intervención, la parte de las definiciones, porque queremos precisar bien nuestra posición. Hemos denunciado la Alianza para el Progreso como un vehículo destinado a separar al pueblo de Cuba de los otros pueblos de América Latina, a esterilizar el ejemplo de la Revolución cubana y después, a domesticar a los pueblos de acuerdo con las indicaciones del imperialismo. Quisiera que se me permitiera demostrar cabalmente esto.
Hay muchos documentos interesantes en el mundo. Nosotros distribuimos entre los delegados algunos documentos que llegaron a nuestras manos y que demuestran, por ejemplo, la opinión que tiene el imperialismo del gobierno de Venezuela, cuyo canciller, hace unos días, nos atacara duramente quizás por entender que nosotros estábamos violando leyes de amistad con su pueblo o su gobierno.
Sin embargo, es interesante precisar que manos amigas nos hicieron llegar un documento interesante. Es un informe de un documento secreto dirigido al embajador Moscoso, en Venezuela, por sus asesores John M. Cates, J. Irving Tragen y Robert Cox. En uno de sus párrafos dice este documento, hablando de las medidas que hay que tomar en Venezuela para hacer una verdadera Alianza para el Progreso, dirigida por los Estados Unidos:
«Reforma de la burocracia. Todos los planes que se formulen —hablando de Venezuela— todos los programas que se inicien para el desarrollo económico de Venezuela, ya sea por el gobierno venezolano o por técnicos norteamericanos, tendrán que ser puestos en práctica a través de la burocracia venezolana. Pero, mientras la administración pública de este país se caracterice por la ineptitud, la indiferencia, la ineficiencia, el formalismo partidista en el otorgamiento de empleos, el latrocinio, la duplicidad de funciones y la creación de impuestos privados, será prácticamente imposible hacer que pasen proyectos dinámicos y eficaces a través de la maquinaria gubernamental. La reforma del aparato administrativo es posiblemente, por lo tanto, la necesidad más fundamental ya que no solo se dirige a rectificar un desajuste básico económico y social, sino que también implica reacondicionar el instrumento mismo con el que se deberán plasmar todas las demás reformas básicas y proyectos de desarrollo.»
Hay muchas cosas interesantes en este documento que pondremos a disposición de los señores delegados, donde se habla, también, de los nativos. Después de enseñar a los nativos, se deja a los nativos. Nosotros somos nativos, nada más. Pero hay algo muy interesante, señores delegados, y es la recomendación que da el señor Cates al señor Moscoso de lo que hay que hacer en Venezuela y por qué hay que hacerlo. Dice así: «Los Estados Unidos se verán en la necesidad, probablemente más rápido de lo que se piense, de señalar a los godos, a la oligarquía, a los nuevos ricos, a los sectores económicos nacionales y extranjeros en general, a los militares y al clero, que tendrán en última instancia que elegir entre dos cosas: contribuir al establecimiento en Venezuela de una sociedad basada en las masas, en tanto que ellos retienen parte de su status quo y riqueza o tener que hacer frente a la pérdida de sus privilegios (y muy posiblemente la muerte misma en el paredón) [este es un informe de los norteamericanos a sus embajadores] si las fuerzas de la moderación y el progreso son desplazadas en Venezuela.»
Después esto se completa y da la imagen del cuadro y de todo el tinglado en que se va a empezar a desarrollar esta Conferencia, con otros informes de las instrucciones secretas dirigidas por el Departamento de Estado Norteamericano, en América Latina, sobre el «Caso Cuba».
Es muy importante esto, porque es lo que ya descubre dónde estaba la mamá del cordero. Dice así— me voy a permitir extractar un poco, aunque después lo circulemos, en honor a la brevedad que ya he violado algo:
«De inicio, se dio ampliamente por sentado en la América Latina que la invasión estaba respaldada por los Estados Unidos y que, por lo tanto, tendría éxito. La mayoría de los gobiernos y sectores responsables de la población estaban preparados para aceptar un hecho consumado (fait accompli), aunque existían recelos acerca de la violación del principio de no intervención. Los comunistas y otros elementos vehementes pro-Castro, tomaron inmediatamente la ofensiva con demostraciones y actos de violencia dirigidos contra agencias de los Estados Unidos en varios países, especialmente en Argentina, Bolivia y México. Sin embargo, tales actividades latinoamericanas y pro- Castro, recibieron un respaldo limitado y tuvieron menos efecto del que pudiera haberse esperado.
«El fracaso de la invasión desalentó a los sectores anti-Castro los cuales consideraban que los Estados Unidos debían hacer algo dramático que restaurara su dañado prestigio, pero fue acogido con alegría por los comunistas y otros elementos pro-Castro.
«En la mayoría de los casos, las reacciones de los gobiernos latino americanos no fueron sorprendentes. Con la excepción de Haití y la República Dominicana, las repúblicas que ya habían roto o suspendido sus relaciones con Cuba expresaron su comprensión de la posición norteamericana. Honduras se unió al campo anti-Castro, suspendiendo sus relaciones en abril y proponiendo la formación de una alianza de naciones centro americanas y del Caribe para habérselas por la fuerza con Cuba. La proposición —que fue sugerida también independientemente por Nicaragua— fue abandonada calladamente cuando Venezuela rehusó respaldarla.
«Venezuela, Colombia y Panamá expresaron una seria preocupación por las penetraciones soviéticas y del comunismo internacional en Cuba, pero se mantuvieron a favor de realizar algún tipo de acción colectiva de la OEA.»
«Acción colectiva de la OEA» —entramos en terreno conocido—, para habérselas con el problema cubano.
«Una opinión similar fue adoptada por Argentina, Uruguay y Costa Rica. Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil y México, rehusaron respaldar toda posición que implicara una intervención en los asuntos internos de Cuba. Esa actitud fue probablemente muy intensa en Chile, donde el gobierno encontró una fuerte oposición en todas las esferas a una intervención militar abierta por algún Estado contra el régimen de Castro. En Brasil y Ecuador, la cuestión provocó serias divisiones en el Gabinete, en el Congreso y en los partidos políticos. En el caso del Ecuador, la posición intransigente pro-Cuba del presidente Velasco, fue sacudida pero no alterada, por el descubrimiento de que comunistas ecuatorianos estaban siendo entrenados dentro del país en las tácticas de guerrillas, por revolucionarios pro-Castro.
«Asimismo, existen muy pocas dudas de que algunos de los ele mentos anteriores no comprometidos de la América Latina han quedado impresionados favorablemente por la habilidad de Castro en sobrevivir a un ataque militar, apoyado por los Estados Unidos, contra el régimen. Muchos que habían vacilado en comprometerse antes, porque suponían que los Estados Unidos eliminarían al régimen de Castro con el tiempo, puede que hayan cambiado ahora de opinión. La victoria de Castro les ha demostrado el carácter permanente y factible de la Revolución cubana. Además, su victoria ha excitado, sin duda, la latente actitud antinorteamericana que prevalece en gran parte de la América Latina.
«En todos los respectos, los estados miembros de la OEA son ahora menos hostiles a la intervención de los Estados Unidos en Cuba que antes de la invasión, pero una mayoría —incluyendo Brasil y México, que suman más de la mitad de la población de la América Latina— no está dispuesta a intervenir activamente y ni siquiera a unirse en una cuarentena contra Cuba. Tampoco pudiera esperarse que la Organización le diera de antemano su aprobación a la intervención directa de los Estados Unidos, excepto en el caso de que Castro esté involucrado, sin lugar a dudas, en un ataque a un gobierno latinoamericano. Aun cuando los Estados Unidos tuvieran éxito —lo cual luce improbable— en persuadir a la mayoría de los estados latino americanos a unirse en una cuarentena a Cuba, el intento no tendría éxito total. De seguro México y Brasil rehusarían cooperar y servirían de canal para los viajes y otras comunicaciones entre América Latina y Cuba.
«La oposición mantenida por México durante mucho tiempo a la intervención de cualquier tipo, no representaría un obstá culo insuperable a la acción colectiva de la OEA contra Cuba. La actitud del Brasil, sin embargo, que ejerce una fuerte influ encia sobre sus vecinos suramericanos, es decisiva para la cooperación hemisférica. Mientras el Brasil rehúse actuar contra Castro, es probable que un número de otras naciones, inclu yendo Argentina y Chile, no tengan deseos de arriesgarse a repercusiones internas adversas por complacer a los Estados Unidos.
«La magnitud de la amenaza que constituyen Castro y los comu nistas en otras partes de la América Latina, seguirá probable mente dependiendo en lo fundamental, de los siguientes factores: a. La habilidad del régimen en mantener su posición; b. Su eficacia en demostrar el éxito de su modo de abordar los problemas de reforma y desarrollo; y c. La habilidad de los elementos no comunistas en otros países latinoamericanos en proporcionar alternativas, factibles y popularmente aceptables. Si, mediante la propaganda, etc., Castro puede convencer a los elementos desafectos que existen en la América Latina, de que realmente se están haciendo reformas sociales —es decir, si de esto que decimos se convencen los señores delegados—, que es verdad básica que benefician a las clases más pobres crecerá el atractivo del ejemplo cubano y seguirá inspirando imitadores de izquierda en toda la zona. El peligro no es tanto de que un aparato subversivo, con su centro en La Habana, pueda exportar la revolución, como de que una creciente miseria y descontento entre las masas del pueblo latinoamericano proporcione a los elementos pro-Castro, oportunidades de actuar.»
Después de considerar si nosotros intervenimos o no, razonan: «Es probable que los cubanos actúen cautelosamente a este respecto durante algún tiempo. Probablemente no estén deseosos de arriesgarse a que se intercepte y se ponga al descubierto alguna operación de filibusterismo o suministro militar, proveniente de Cuba. Tal eventualidad traería como resultado un mayor endurecimiento de la opinión oficial contra Cuba, acaso hasta el punto de proporcionar un respaldo tácito a la inter vención norteamericana, o dar por lo menos posibles motivos para sanciones por parte de la OEA. Por estas razones y debido a la preocupación de Castro por la defensa de su territorio, en este momento, el uso de fuerzas militares cubanas para apoyar la insurrección en otras partes, es extremadamente improbable.»
De modo, señores delegados que tengan dudas, observen que el gobierno de los Estados Unidos admite que es muy difícil que nuestras tropas interfieran en las cuestiones nacionales de otros países.
«A medida que pasa el tiempo, y ante la ausencia de una intervención directa de Cuba en los asuntos internos de estados vecinos, los presentes temores al castrismo, a la intervención soviética en el régimen, a su naturaleza "socialista" —ellos lo ponen entre comillas— y a la repugnancia por la represión del estado policial de Castro, tenderán a decrecer y la política tradicional de no intervención se reafirmará.»
Dice después:
«Aparte de su efecto directo sobre el prestigio de los Estados Unidos en esa zona —que indudablemente ha descendido como resultado del fracaso de la invasión— la supervivencia del régimen de Castro pudiera tener un profundo efecto sobre la vida política americana en estos años venideros. La misma prepara la escena para una lucha política promovida en los términos promovidos por la propaganda comunista durante mucho tiempo en este hemisferio, quedando de un lado las fuerzas “populares” —entre comillas— antinorteamericanas, y del otro, los grupos aliados a los Estados Unidos. A los gobiernos que prometen una reforma evolutiva por un período de años, aun a un ritmo acelerado, se les enfrentarán los líderes políticos que prometerán un remedio inmediato a los males sociales, mediante la confiscación de propiedades y el vuelco de la sociedad. El peligro más inmediato del ejemplo de Castro para la América Latina pudiera muy bien ser el peligro para la estabilidad de aquellos gobiernos que están actualmente intentando cambios evolutivos, sociales y económicos, más bien que para los que han tratado de impedir tales cambios, en parte debido a las tensiones y a las excitadas esperanzas que acom pañan a los cambios sociales y al desarrollo económico. Los desocupados de la ciudad y los campesinos sin tierras de Venezuela y Perú, por ejemplo, los cuales han esperado que Acción Democrática y el APRA efectúen reformas, constituyen una fuente expedita de fuerza política, para el político que los convenza de que el cambio puede ser efectuado mucho más rápidamente de lo que han prometido los movimientos socialdemocráticos. El apoyo popular que actualmente disfrutan los grupos que buscan cambios evolutivos o el respaldo potencial que normalmente pudieran obtener a medida que las masas latino americanas se tornan más activas políticamente, se perderá en la medida en que los líderes políticos extremistas, utilizando el ejemplo de Castro, puedan hacer surgir apoyo para el cambio revolucionario.»
Y en el último párrafo, señores, aparece nuestra amiga aquí presente: «La Alianza para el Progreso, que pudiera muy bien proporcionar el estímulo para llevar a cabo programas más intensos de reforma, pero a menos que estos se inicien rápidamente y comiencen pronto a mostrar resultados positivos, es probable que no sea un contrapeso suficiente a la creciente presión de la extrema izquierda.»
Los años que tenemos por delante serán testigos, casi segu ra mente, de una carrera entre aquellas fuerzas que están inten tando iniciar programas evolutivos de reformas y las que están tratando de generar apoyo de masas para la revolución fundamental económica y social. Si los moderados se quedan atrás en esta carrera, pudieran, con el tiempo, verse privados de su apoyo de masas y cogidos en una posición insostenible entre los extremos de la derecha y la izquierda.
Estos son, señores delegados, los documentos que la delegación de Cuba quería presentar a ustedes, para analizar descarnadamente la Alianza para el Progreso. Ya sabemos todo el íntimo sentir del Departamento de Estado norteamericano: «Es que hay que hacer que los países de Latinoamérica crezcan, porque si no, viene un fenómeno que se llama castrismo, que es tremendo para los Estados Unidos».
Pues bien, señores, hagamos la Alianza para el Progreso en esos términos; que crezcan de verdad las economías de todos los países miembros de la Organización de los Estados Americanos; que crez can, para que consuman sus productos y no para convertirse en fuente de recursos para los monopolios norteamericanos; que crezcan para asegurar la paz social, no para crear nuevas reservas para una eventual guerra de conquista; que crezcan para nosotros, no para los de afuera.
Y a todos ustedes, señores delegados, la delegación de Cuba les dice, con toda franqueza: queremos, dentro de nuestras condiciones, estar dentro de la familia latinoamericana, queremos convivir con Latinoamérica; queremos verlos crecer, si fuera posible, al mismo ritmo que estamos creciendo nosotros, pero no nos oponemos a que crezcan a otro ritmo. Lo que sí exigimos es la garantía de la no agresión para nuestras fronteras.
No podemos dejar de exportar ejemplo, como quieren los Estados Unidos, porque el ejemplo es algo espiritual que traspasa las fronteras. Lo que sí damos la garantía de que no exportaremos revolución, damos la garantía de que no se moverá un fusil de Cuba, de que no se moverá una sola arma de Cuba, para ir a luchar en ningún otro país de América.
Lo que no podemos asegurar es que la idea de Cuba deje de implantarse en algún otro país de América, y lo que aseguramos en esta Conferencia es que si no se toman medidas urgentes de prevención social, el ejemplo de Cuba sí prenderá en los pueblos y entonces, sí, aquella exclamación que una vez diera mucho que pensar, que hizo Fidel un 26 de julio y que se interpretó como una agresión, volverá a ser cierta. Fidel dijo que si seguían las condiciones sociales como hasta ahora, «la cordillera de los Andes sería la Sierra Maestra de América».
Nosotros, señores delegados, llamamos a la Alianza para el Pro greso, a la alianza pacífica para el progreso de todos. No nos opo nemos a que nos dejen de lado en la repartición de los créditos, pero sí nos oponemos a que se nos deje de lado en la intervención de la vida cultural y espiritual de nuestros pueblos latinoamericanos, a los cuales pertenecemos.
Lo que nunca admitiremos es que se nos coarte nuestra libertad de comerciar y tener relaciones con todos los pueblos del mundo, y de lo que nos defenderemos con todas nuestras fuerzas, es de cual quier intento de agresión extranjera, sea hecho por la potencia imperial, o sea hecho por algún organismo latinoamericano que engloba el deseo de algunos, de vernos liquidados.
Para finalizar, señor Presidente, señores delegados, quiero decir les que hace algún tiempo, tuvimos una reunión en el Estado Mayor de las Fuerzas Revolucionarias de nuestro país, Estado Mayor al cual pertenezco. Se trataba de una agresión contra Cuba, que sabíamos que vendría, pero no sabíamos aún cuándo ni por dónde. Pensamos que sería muy grande; de hecho iba a ser muy grande. Esto se produjo antes de la famosa advertencia del Primer Ministro de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, de que sus cohetes podían volar más allá de las fronteras soviéticas.
Nosotros no habíamos pedido esa ayuda y no conocíamos esa disposición de ayuda. Por eso nos reunimos sabiendo que llegaba la invasión, para afrontar, como revolucionarios, nuestro destino final. Sabíamos que si los Estados Unidos invadían a Cuba, hab ría una hecatombe, pero en definitiva, seríamos derrotados y expulsados de todos los lugares habitados del país.
Propusimos entonces, los miembros del Estado Mayor, que Fidel Castro se retirara a un reducto de la montaña y que uno de nosotros tomara a su cargo la defensa de La Habana. Nuestro Primer Ministro y Jefe contestó aquella vez, con palabras que lo enaltecen —como en todos sus actos— que si los Estados Unidos in va dían a Cuba y La Habana se defendiera como debiera defenderse, cientos de miles de hombres, mujeres y niños, morirían ante el ímpetu de las armas yanquis, y que a un gobernante de un pueblo en revolución, no se le podía pedir que se refugiara en la montaña; que su lugar estaba allí, donde se encontraban sus muertos queridos, y que allí, con ellos, cumpliría su misión his tórica.
No se produjo esa invasión, pero mantenemos ese espíritu, señores delegados. Por eso puedo predecir que la Revolución cubana es invencible, porque tiene un pueblo y porque tiene un gober nante como el que gobierna a Cuba.
Eso es todo, señores delegados.

27 de abril de 2011

Discurso del Dr. Ernesto Guevara en el Paraninfo de la Universidad de la República. Montevideo. Uruguay

Texto íntegro del discurso pronunciado por el Dr. Ernesto Guevara en el Paraninfo de la Universidad de la República, en Montevideo, el 17 de agosto de 1961.

Queridos amigos; compañeros todos:

Cuando recibimos las atenciones del Gobierno uruguayo en las playas de Punta del Este agradecíamos todas esas manifestaciones, todos los cuidados y todas las deferencias que para nosotros se ha tenido durante estos días; pero sentíamos que nos faltaba algo, y ese algo era precisamente el contacto con el pueblo. (APLAUSOS).

Pensando en alta voz, compañeros, diría que nosotros estamos malcriados por el contacto con el pueblo y que no podemos dejar de tenerlo; nos sentimos mal cuando estamos en cualquier lugar donde no podemos dialogar con él y no podemos dar nuestra experiencia pequeña y recibir la enorme experiencia y la enorme dosis de sabiduría que el pueblo nos confiere todos los días. Y algo quizás más importante: cada vez que un gobernante revolucionario se reúne con el pueblo, se anudan más honda, más profundamente, los lazos que lo ligan a ese pueblo y a un compromiso tácito que se ha adquirido, que no está escrito en ningún libro, que no está firmado por ninguna delegación, pero sin embargo todas las conciencias lo conocen y en todo el pueblo está claro y está firme.

A veces en nuestro país se reúnen multitudes de un millón de personas; hay momentos en que, como en este recinto, no se oye apenas un ruido y todos están pendientes de la palabra de Fidel, por ejemplo. (APLAUSOS) Pero hay momentos en que el pueblo pide también su participación en la discusión colectiva; grita, a veces baila, salta, aclama, demuestra, en fin, de mil maneras, sus emociones, y las demuestra de tal forma que nosotros los hombres de gobierno sabemos qué es lo mejor, qué es lo que más le interesa al pueblo, qué es lo que más le gusta, cuál es el camino más justo y por dónde hay que seguir.

Por eso recurrimos quizás demasiado seguido al pueblo. A veces en asambleas, a veces en diálogos directos en las fábricas, con los obreros, con estudiantes como ustedes, pero siempre tratando de que nuestra voz y la voz de la gente puedan intercambiarse y que las ideas se intercambien así, que no haya limitación de categoría, limitación de estrados, ni ningún tipo de limitación para que las ideas vayan y vengan entre todo el pueblo y nosotros.

Creo que por eso hemos podido hacer algunas cosas en nuestro país (APLAUSOS); no todo lo que quisiéramos hacer, mucho menos de lo que quisiéramos hacer, menos de lo que se hubiera podido hacer también, pero hemos podido avanzar gracias a ese contacto continuo.

El pueblo lo sabe todo

Por eso, en esa misma forma, siguiendo ese ejemplo que ya hemos aprendido y aprovechando el hecho de que ustedes, reunidos aquí, demuestran el mismo entusiasmo, la misma pasión que las multitudes que se reúnen en La Habana, me voy a permitir desarrollar el tema que hoy vamos a tratar en esa forma de diálogo entre alguien que ha aprendido un poquito en la práctica y el pueblo que lo sabe todo, que lo ordena todo y que lo da todo. (APLAUSOS)

Los técnicos dirán que esta era una conferencia sobre desarrollo económico, y encontrarán que no hay mucha similitud entre lo que hemos dicho hasta ahora y el tema del desarrollo económico. Sin embargo, están íntimamente ligados, porque el real desarrollo económico, el desarrollo económico impetuoso de los pueblos, se logra cuando estos pueden expresarse a través de las instituciones políticas directamente, a través de la conducción de sus fábricas y de todos sus medios de producción.

Las tasas de desarrollo

Por eso cuando se hablaba en la última Conferencia de las tasas de crecimiento que iba a tener América, nos encontramos que eran muy pequeñas para nuestro país. Naturalmente que no vamos a enjuiciar la Conferencia, que no es de nuestra competencia en este momento; simplemente hacemos referencia a esa tasa de crecimiento del 2,5% anual, que ha sido considerada por lo menos aceptable por los pueblos hermanos del continente.

Nosotros presentamos una tasa de crecimiento anual del 10% como aspiración; es decir, cuatro veces más, y lo hicimos porque la Revolución Cubana tiene responsabilidades muy grandes y no puede presentarse con datos que después la realidad no sancione, porque nosotros pensamos tener un desarrollo aún más impetuoso que un 10% anual; el 10% es el mínimo, es simplemente la seguridad que tomamos para hacer una afirmación categórica en una conferencia internacional.

¿Y cómo se logra ese desarrollo? Bien, hay tres grandes líneas a través de las cuales se logra el desarrollo económico acelerado.

En Cuba -y me atrevo a afirmar que en la mayoría de los países de América que son fundamentalmente agrícolas o agrícola-ganaderos- se inicia el desarrollo económico con la Reforma Agraria y la adecuada distribución de las tierras. (APLAUSOS)

Bueno, ya no puedo decir el desarrollo económico en general, sino voy a referirme al desarrollo económico de Cuba, tratando de apuntar lo que hay de especial, de específico, en nuestro pueblo, y es lo que es general a todos los procesos de desarrollo. Nosotros hicimos la Reforma Agraria, entregamos la tierra en pequeñas parcelas a aquellos arrendatarios que durante muchos años habían trabajado en ella y en realidad habían pagado varias veces con su trabajo.

Pero los grandes latifundios de nuestra tierra no fueron sancionados; fueron entregados en cooperativas o granjas estatales, para que los obreros agrícolas trabajaran sobre ella y pudieran crear riquezas en una forma más ordenada. Con la Reforma Agraria se abrió el capítulo de la diversificación de nuestra agricultura, que era una agricultura de monocultivo, y daba por resultado un país de monoproducto. Nuestro país tenía la caña de azúcar como única fuente de divisas, y como el 25% de todo su ingreso nacional. De tal forma que hoy en los campos en donde anteriormente no había nada más que caña, y en todo caso algunos potreros para criar ganado, empezó la agricultura a diversificarse.

Se ha creado un nuevo mercado, porque todos esos campesinos que antes vivían una existencia subhumana, ingresan ahora al mercado. Nosotros tenemos -y a veces los periódicos traen las noticias- dificultades en el abastecimiento de algunos productos de primera necesidad. ¿Por qué? Pues, sencillamente, por una razón: porque hay control de precios por parte del Estado de esos productos, y porque, a pesar de haber aumentado su cantidad, el aumento del consumo es tan bárbaro que es imposible alcanzarlo.

En tal forma, en otros países se regula muy fácilmente esta diferencia entre la oferta y la demanda. Se deja que juegue libremente la ley de la oferta y la demanda, suben los precios del artículo que escasea, el que tiene menos no compra, y automáticamente se ha resuelto el problema, sin que llegue al conocimiento de nadie prácticamente.

Nosotros entendemos que, cuando hemos iniciado el camino de la justicia social, no podemos hacer que el comer o no comer carne dependa del tener o no tener dinero. El derecho a comer es el derecho de todo el mundo. (APLAUSOS)

Es una utopía, hacer una revolución sin sacrificios

Por eso, simplemente, se racionan algunos alimentos como los aceites, las grasas de todo tipo, que actualmente faltan por el bloqueo norteamericano (SILBIDOS); la carne, tenemos algunos problemas también con la carne, y a veces se presentan algunos problemas con artículos de primera necesidad, que no podemos producir en las cantidades que nuestro pueblo necesita y que exige en forma creciente.

Por ejemplo, a veces tenemos dificultades en los zapatos; debemos reducir algunos compromisos de exportación para poder mantener la cantidad de zapatos necesaria para nuestro pueblo. Nosotros tenemos un ejército popular muy grande (APLAUSOS), que a veces tiene que ponerse en pie de guerra -como sucedió en el mes de abril- total, y prácticamente a cada hombre capaz de empuñar un arma hay que dársela, y naturalmente hay que darle zapatos -botas especiales-, hay que darle una serie de atenciones.

Por todo ello, hemos tenido dificultades, naturalmente que las hemos tenido. Sería, realmente, una utopía pensar que a noventa millas del territorio norteamericano se puede hacer una revolución social que cambie totalmente la estructura del país, que cambie todas las relaciones de producción que inaugura una nueva etapa -incluso venimos a asegurarlo en América toda- y que todo eso se haga sin sacrificios. En realidad, hemos tenido, para la magnitud de la tarea emprendida, pocos sacrificios.

Claro que las circunstancias históricas son muy diferentes, a los ejemplos anteriores que se pudieran citar. Nosotros hemos podido emprender el desarrollo económico en unas condiciones especiales en la historia de la humanidad, y cuando la correlación de fuerzas va cada días más inclinándose a favor de las fuerzas de la paz, de las fuerzas que quieren el progreso de los pueblos. (APLAUSOS) Por eso no debimos nosotros pagar el mismo precio tan exagerado que han pagado otros pueblos del mundo -tan alto, porque nunca es exagerado el precio de la libertad, pero no tan alto. (APLAUSOS)

La industrialización da la pauta del desarrollo

Bien, continuando con el proceso de desarrollo. Inmediatamente que se ha logrado en un país -como en cualquiera de los nuestros- hacer una Reforma Agraria, aumentar el mercado interno considerablemente, hay que hacer toda una serie de leyes tributarias, de leyes de protección fiscal, que aseguren que la industria nacional vaya a desarrollarse y emprender la tarea de industrialización del país.

Es, naturalmente, la industrialización la que da la verdadera pauta del desarrollo. De acuerdo a cómo vaya el proceso industrial así irá el desarrollo del país. Y otra vez nosotros podemos decir que anunciamos tasas de desarrollo muy altas, con toda responsabilidad y las podemos anunciar porque las condiciones, en el mundo actual, son muy diferentes.

Otros pueblos han tenido que construir todo mediante su propio esfuerzo, han tenido que restringir hasta las comodidades más elementales para lograr una industria pesada, que es la base indispensable del desarrollo de los pueblos. Nosotros iniciamos el camino de nuestra industrialización pesada con créditos exteriores a largo plazo.

Pero esos créditos son dados de tal forma que no comprometen la dignidad nacional (APLAUSOS), ni comprometen el futuro mediante obligaciones onerosas para pagar los préstamos. Hasta ahora, podemos decir -para hablar en términos reales, absolutos, para no pecar de la más mínima dosis de optimismo- que tenemos 357 millones de dólares asignados en préstamos industriales.

Es decir, que cada uno de los dólares prestados, que es parte de una maquinaria, va a producir riquezas inmediatamente. No se hacen, ni nuestro país admite, préstamos para otra cosa que no sea producir riquezas. (APLAUSO)

Esa es la tarea fundamental que hay que proponerse en los programas de desarrollo. Un programa de desarrollo que empiece por ver el número de escuelas, de casas o de caminos que se va a hacer, es irreal. El desarrollo social es algo realmente imprescindible y es por lo que todos luchamos. Es, prácticamente, ridículo pensar que solamente se va a luchar por el desarrollo económico simple, y que va a ser el desarrollo económico en sí un fin. Eso no es así.

Sentido del desarrollo económico

El desarrollo económico es nada más que el medio para lograr el fin, que es la dignificación del hombre. (APLAUSOS) Pero para lograr ese fin, hay que producir, porque si se empieza a hacer las casas antes de construir las fábricas de cemento, va a haber un momento en que no va a haber riquezas para que esas casas puedan siquiera ser habitadas, no va a haber trabajo para el hombre que la habite, no va a haber ninguna garantía de que la familia de ese hombre, al que se le ha dado una casa, pueda comer todos los días gracias al trabajo de sus miembros.

Por eso hay que empezar por el principio, que es el aumento de los medios de producción. No quiere decir esto que ahora, o que en Cuba -para dar un ejemplo específico- vayamos a dedicarnos única y exclusivamente a construir fábricas, a hacer con más rapidez cada día las 205 fábricas que están plneadas hasta estos momentos, a ponerlas a producir solamente y que nos vamos a olvidar de los deberes que tenemos para con nuestro pueblo.

Eso también sería absurdo.

El comercio exterior

Bien, otra condición indispensable para el desarrollo es el lograr mercados estables y cada vez mayores, y además diversificar el comercio exterior.

Es una tarea a la cual nosotros nos dimos desde los primeros momentos del Gobierno Revolucionario, tratando de hacer contacto con todos los países del mundo que pudieran comprar nuestro producto único prácticamente, como es el azúcar. Así Cuba ha desarrollado relaciones muy amplias con todos los países socialistas. (APLAUSOS)

Desgraciadamente el estado de guerra en que se vive en el Caribe, ha hecho que estos mercados no hayan sido logrados mediante una expansión real del comercio, sino sustituyendo por toda una serie de mercados que se perdieron y el más importante para nosotros, el mercado norteamericano, que ya ha sido definitivamente cerrado a fines del año pasado... (GRITOS) No le voy a decir, felicitaciones no, porque a nuestro pueblo le cuesta eso. Naturalmente que lo aceptamos, es lógico que si hay que pagar ese precio se pague tranquilamente... (APLAUSOS) Pero no le hace bien a nuestro pueblo, ni le hace bien tampoco, aunque parezca mentira, dado el tamaño de nuestro mercado, no le hace bien a los Estados Unidos. Hay, por ejemplo, en los mataderos de Chicago, que son enormes; la manteca de cerdo es un subproducto, en Cuba se consume prácticamente manteca de cerdo solamente, como aceite, como grasa, y todo eso venía directo de Chicago en vagones tanques; al embargar Estados Unidos esas ventas, nos produce a nosotros un daño, pero también... naturalmente ustedes no tienen por qué tener esa curiosidad, pero si ven los precios de la manteca en el mercado de Chicago, verán que se han ido abajo, porque ahora ellos, en Estados Unidos, siguen la ley de la oferta y la demanda, tienen mucho más oferta y no tienen dónde colocar la manteca.

De tal forma... (GRITOS) Miren, compañeros, ustedes dicen: "que se la coman ellos", pero es que pasa una cosa, la experiencia demuestra que ellos no se la comen, sino que a veces dicen que ayudan a otro país, entregan sus excedentes y hay un tercero damnificado. (APLAUSOS)

De modo que de todas maneras no es bueno el estado de guerra. Nosotros, con toda nuestra dignidad, hemos anunciado repetidas veces, la disposición del gobierno cubano para tratar seriamente los problemas del intercambio con los Estados Unidos y con algunos otros países con los que hemos tenido problemas, desgraciadamente no se ha podido hacer todavía. Bien, de todas maneras frente a la agresión imperialista, frente al bloqueo que nos ha impedido traer materias primas, que nos impide traer una gran cantidad de piezas de repuestos, nuestro pueblo tuvo que ingeniarse y desarrollar su inventiva.

El bloqueo norteamericano

Para nosotros ha sido una de las más grandes experiencias el bloqueo, porque ustedes, los uruguayos, no se pueden imaginar la situación de dependencia que existía en Cuba. Prácticamente Cuba era, simplemente, una parte del territorio de Estados Unidos. Allá los ingenieros de una fábrica, por ejemplo, no sabían cómo era un repuesto; conocían el repuesto por una sigla; ellos pedían el XZ21, por ejemplo, y le venía entonces de New York el XZ21. Cuando nosotros cambiamos los mercados, imagínense eso en cientos y cientos de fábricas: no podíamos ir a pedir a mercados nuevos, que no tenían todas esas claves, el XZ21, que no significa nada; y había que examinar la pieza, dibujarla, hacerla a veces, crearla en la forma en que mejor pudiéramos, sustituirla por otro sistema otras veces, y, en algunos otros casos, se podía hacer compatible con algunos de los productos de nuestros nuevos mercados.

Esto nos costó que las fábricas se paralizaran, muchas anduvieran a un ritmo menor. A veces, la materia prima específica para cada fábrica no existía, había que detenerla o caminar a un ritmo menor. Este año ha sido un proceso de aprendizaje contínuo, donde hemos tenido que desarrollar las inventivas populares al máximo, para lograr que no se paralizaran nuestros centros de trabajo. Y, también, como estábamos en una situación de guerra, y como la paralización de cada centro de trabajo era el producto de esa guerra, nosotros subsidiábamos en cada caso a todos los obreros que se vieran obligados a cesar en su trabajo, mientras duraran las causas.

Afortunadamente en el momento actual solamente tenemos en reparación tres fábricas, que están paradas, todas las demás fábricas de Cuba están caminando... (APLAUSOS) y podemos decir con orgullo que a pesar de las dificultades, este año la producción global de nuestra industria aumentó un 10% sobre la del año pasado, comparando seis meses de producción... (APLAUSOS) Este debiéramos haber aumentado lo menos el 20%, pero las circunstancias, las presiones exteriores, la falta en muchas ocasiones de técnicos suficientes, hizo que no pudiéramos alcanzar nuestras metas reales, las que nos habíamos fijado, que eran un poco más del 20% de aumento global.

Cuidar la estabilidad de los precios

Bien, hemos dicho tres cualidades esenciales, la de los mercados, los nuevos mercados, la industrialización y el desarrollo agrícola, empezando por una reforma agraria. No debe olvidarse nunca que hay que cuidar mucho un factor para que el desarrollo pueda hacerse ordenado y pueda realmente rendir los frutos que de él se esperan, que es la estabilidad de los precios, si los precios empiezan a correr una carrera con el aumento de los salarios sobre el aumento de la producción en general, ocurre que el desarrollo poco a poco se va deteniendo. Naturalmente que los precios no tienen un valor en sí, los precios son el reflejo de una serie de situaciones. Pero es muy importante vigilar, porque cuando los precios tienen tendencia a aumentar está indicando enseguida al gobernante que por algún lugar hay una lucha entre la oferta y la demanda, no hay una armonía total, que se está produciendo menos o que ha aumentado mucho la demanda y hay que ir a corregir de alguna forma las causas que provocan el aumento de precio. Esa es la importancia de fijarlos y nosotros tenemos los precios fijos en nuestro país. De tal forma, que ya todo lo que se logre de aumento en los salarios es aumento real del nivel de vida de los obreros, de los trabajadores de todo tipo.

El poder político y los medios de producción en manos de los trabajadores

Bien, con todos estos elementos se puede entrar a hacer la planificación del desarrollo porque el desarrollo tiene que ser armonioso para que pueda rendir sus frutos. No se puede en un momento dado hacer una reforma agraria completa y avanzar por la diversificación agrícola, al máximo; nos encontramos que se necesitan una serie de procesos industriales que ayuden a la agricultura. Así se puede aprobar, y esa tarea de planificación es muy importante para que todo se pueda realizar armónicamente.

Sin embargo, de planificación se ha hablado mucho. En general, es una de las tantas palabras que están actualmente en boca de todos y cuyo uso es un poco indiscriminado. Nosotros consideramos que la real planificación, la planificación de todos los medios de producción del país, solamente se puede hacer con dos condiciones básicas: que los trabajadores hayan conquistado el poder político -cosa fundamental- (GRANDES APLAUSOS), y la otra es que sean los dueños de los medios de producción.

La planificación

En tal forma sí se puede hacer una planificación completa. Y además, cuando se llega a esto hay que considerar que se necesita una conducción centralizada y capaz de tomar decisiones, porque el trabajo de planificación es muy arduo.

Nosotros estamos en este momento en el primer año; mejor dicho, en los preparativos para iniciar el primer año del cuatrienio del primer plan, y es muy dura la tarea.

Este año planificamos la producción en forma anual simplemente, y hemos podido ver todos nuestros errores e ir corrigiéndolos con el transcurso de los meses, pero la tarea de planificar es muy difícil y por eso se necesita una conducción centralizada, que tenga una clara idea de las metas.

La tarea de planificar, además, demanda el concurso inexcusable de toda la población del país. Nosotros llamamos solamente planificación cuando todos los trabajadores, todos los obreros de una fábrica, los campesinos en las cooperativas, los trabajadores de todo tipo, pueden discutir los planes, discutirlos una y otra vez, analizarlos y aprobarlos en asamblea de producción.

En tal forma se podrá luego lograr un verdadero plan de desarrollo, pero para que discuta la gente, para que los obreros, los trabajadores y los administradores de las fábricas discutan. Se necesita que haya una relación muy directa, porque en condiciones de países capitalistas es muy difícil, los obreros no quieren discutir con el patrón ni les interesa aumentar la producción para que aumenten las ganancias del patrón, y el patrón tiene miedo a los obreros.

Nosotros, como prácticamente el 85% de la producción está en manos del pueblo, podemos discutir. Nos reunimos muy seguido para discutir, y poder entonces fijar los planes.

El proceso de planificación es muy largo, y muy difícil. Yo creo que si intentara explicárselos, solamente podría crear el caos y no llegaría a hacerme entender, porque la planificación no es una cosa teórica, no se puede explicar en una pizarra; la planificación es algo práctico, que nace de las relaciones de producción, que es impulsada por la necesidad del Estado que está en proceso de desarrollo, tratando de hacerlo lo más rápidamente posible.

De tal forma que si no se está en contacto con el problema, es muy difícil explicarlo. Por lo tanto, no voy a caer en el pecado de pretender dar una conferencia sobre planificación. Es muy interesante; algún día algunos de ustedes, estudiantes de Ciencias Económicas, tendrán que verlo en la práctica, es su trabajo; sin embargo, no se puede teorizar sobre eso, es algo del trabajo cotidiano.

Lo que sí puedo es darles una idea de lo que se está haciendo en Cuba en materia de industrias, sobre todo.

Nosotros tuvimos un enfoque que, más o menos, se puede expresar así: la base del desarrollo es la industria pesada, pero la industria pesada no se puede lograr por el desarrollo interno del país, si no es un país muy grande, si no es con grandes sacrificios. Tenemos que recurrir entonces a los grandes países industrializados, para que nos den la asistencia técnica y de equipos necesaria. De tal forma que hicimos contacto con todos los países del mundo.

Por ejemplo, los norteamericanos solamente vendían fábricas a condición de que fuera a empresas privadas, si no, no las vendían; otros quería una serie de garantías imposibles de ofrecer; otros querían que se les pagara en dólares, y nosotros no teníamos tantos dólares.

Los convenios con los países socialistas

Con los países socialistas firmamos, al fin, convenios, en donde se paga en productos de nuestro país y a largo plazo. De tal forma que podemos asegurar que en este cuatrienio vamos a tener instalada la producción ya de 700 mil toneladas de acero, lo que nos colocará por lo menos en el primer lugar de América, por habitante, considerando los niveles actuales de producción. Si de aquí a 1965 hay otros países que producen mucho más acero, puede ser que no quedemos en primer lugar; pero, desde una cifra insignificante que teníamos el año pasado, hasta las 700 mil toneladas, hay una gran diferencia que será cubierta con créditos de la Unión Soviética. (GRANDES APLAUSOS)

Además, hemos desarrollado el níquel, que es un mineral estratégico muy importante, estratégico en sentido militar y estratégico en sentido industrial también, porque se hacen con él los aceros especiales para las fábricas químicas, y se va a invertir una cantidad de 200 millones de dólares, de los cuales 100 millones en equipo aportará también la Unión Soviética, y los otros 100 millones nosotros mismos.

Seremos el segundo país del mundo en la producción global de níquel. Produciremos, además, cemento en cantidades de 2,5 millones de toneladas anuales; también seremos el primer país de América, holgadamente, después de este cuatrienio. Produciremos también más electricidad por habitante que ningún país de América, al final del cuatrienio. Desarrollaremos 205 fábricas, la mayoría de ellas para suplir el consumo interno, y algunas pocas para ir preparándonos a nuestra tarea de ser países exportadores de productos terminados.

El objetivo, un país industrial

Es decir, que nuestra tarea en este plan cuatrienal es simplemente convertirnos en un país agrícola con una cierta base industrial y pasar al quinquenio siguiente a ser un país agrícola-industrial; y después, si el trabajo de nuestro pueblo lo permite y las condiciones se dan, nos convertiremos en un país industrial. (APLAUSOS)

Ya en el año 1965 Cuba estará fabricando sus propios barcos, de por lo menos 6 mil toneladas, y quizá de 10 mil toneladas; es decir que, barcos de gran tonelaje, hechos en Cuba, por obreros cubanos, ya con técnica cubana, empezarán a surcar todos los mares del mundo, a los fines del primer Plan Cuatrienal de desarrollo. (APLAUSOS)

Porque los pueblos pueden hacer realizaciones enormes cuando están llevados por la llama revolucionaria, cuando están en una situación especial de su historia, cuando todas las pequeñas satisfacciones de la vida diaria se pierden, se transforman, y se nota un cambio cualitativo en el pueblo que entra en revolución; Martí llamaba a eso "entrar en revolución". (APLAUSOS)

Ya no importan las horas de trabajo, no importa lo que se vaya a ganar, no importan los premios en efectivo, lo que importa es la satisfacción moral de contribuir al engrandecimiento de la sociedad, la satisfacción moral de estar poniendo algo de uno en esa tarea colectiva y ver cómo gracias a su trabajo, gracias a esa pequeña parte del trabajo individual, que se junta en millones y millones de trabajos individuales, se hace un trabajo colectivo armónico, que es el reflejo de una sociedad que avanza. (APLAUSOS)

El espíritu revolucionario cubano

Ese es el espíritu que hay hoy en nuestro pueblo, es el espíritu de un pueblo que se ha descubierto a sí mismo, como todos los pueblos en revolución, que se ha dado cuenta que no hay nada negado a nuestros pueblos, que no es cierto que haya pueblos técnicos y pueblos no técnicos, que haya pueblos industriosos y pueblos haraganes, que haya pueblos cultos y pueblos incultos. Hay nada más que situaciones, situaciones que están regidas por condiciones económicas, pero que se pueden romper, y que en este momento en el mundo avanzan muy rápidamente hacia la ruptura total de los viejos sistemas y hacia la comprensión de que el hombre es hermano del hombre, en todo el universo. (PROLONGADOS APLAUSOS)

Por todo eso, compañeros, Cuba puede avanzar ahora a ritmos desconocidos en América, prepararse para ese nuevo futuro que todos queremos, un futuro donde la ciencia y la técnica sean puestas totalmente al servicio del hombre, donde todos los adelantos técnicos, todas las nuevas máquinas que se inventen, sirvan para aumentar el bienestar del hombre y no para aumentar su sumisión, para aumentar su hambre, para provocar desempleo. (GRANDES APLAUSOS) Y en nuestro país, por imperio de ese nuevo clima que se vive, se ha aprendido incluso, en el curso de nuestro desarrollo revolucionario, el valor de la solidaridad.

Los de América Latina, pueblos aislados

Nosotros éramos pueblos aislados. Cuando nos lamentábamos de los mercados que habíamos perdido olvidé decir los mercados que nunca tuvimos junto a nosotros, como son los mercados de América Latina para cada uno de nosotros. ¿Por qué? Porque nos aislaban, sencillamente; porque siempre se dedicaban a hacer que nos ignoráramos unos a los otros.

Por eso Artigas era desconocido en Cuba, y Martí era desconocido en Uruguay. Por eso los héroes continentales no alcanzaban esa magnitud real, esa magnitud de hombres de América que tienen, y se circunscribían a determinados pueblos. Por eso todavía en América tratan de discutir si es más grande o menos grande, y a quién pertenecen San Martín o Bolívar, sin contar con que San Martín y Bolívar son hombres de América.

San Martín, que murió exactamente hace ciento once años hoy, era un hombre de América (APLAUSOS); como Bolívar, no podemos decir que perteneciera a un país, como Martí no nos pertenece. Son productos de nuestra civilización, de nuestro sustrato cultural, producto de todo lo que ha madurado durante años y años, de lo que se ha agregado al indígena primitivo, con el negro que se trajo, con el español que vino a colonizar, con las razas de otros lugares del mundo, por nuestras condiciones sociales específicas, y que han creado este hombre americano que habla prácticamente el mismo lenguaje y que, de todas manera, se entiende siempre en cualquier lugar donde se exprese.

Se aprende a estar unidos para luchar contra el enemigo común

Nosotros hemos aprendido hoy ese valor. Ahora saben nuestros obreros lo que significa que un terremoto deje sin casa, sin trabajo, sin medios de ninguna clase, a los obreros de Chile. (APLAUSOS); y nuestros obreros inmediatamente se movilizan, van ellos -no el Gobierno-, los obreros, nuestros pueblos, a buscar medios para auxiliar a sus hermanos.

Porque ahora se aprende, como se aprende siempre en revolución, que no puede haber desunión, que no podemos luchar contra los grandes enemigos separados unos de otros (APLAUSOS); que solamente hay un enemigo común en este momento, que es el que reúne todas las enemistades que puedan caer sobre nuestro pueblo; es el que significa pobreza, es el que significa opresión de cualquier tipo; el que significa asesinato, el que significa opresión política, el que significa opresión económica, el que significa distorsión de nuestro desarrollo, el que significa incultura, todo eso lo significa el imperialismo. Entonces, no podemos nosotros luchar desunidos, podemos, unos por aquí y otros por allá; eso lo aprendimos bien en Cuba.

Aprendimos, ya en el ejército de la Revolución, que cuando hay un hombre herido o vejado en Chile, en la Argentina, en cualquier lugar de América, se está afectando la dignidad nuestra, la dignidad de toda América. (APLAUSOS)

Realmente, compañeros, creo que en las últimas palabras decía que se han separado del tema del desarrollo económico. (APLAUSOS) Quería decirles esto, para hacerles una advertencia y pedirles un favor revolucionario. Cuando recibí esta gentil invitación, hace unos cuantos días, la consulté con el Presidente Haedo, y el Presidente entendió que era correcto que estuviéramos aquí, y nos pidió que hiciéramos todo lo posible porque no se produjera ninguna clase de incidentes que pudieran manchar esta conferencia, este diálogo, esto que hemos tenido hoy ustedes y nosotros.

Yo entiendo que es para mí de elemental cortesía el solicitárselos encarecidamente a ustedes, solicitar que sea una demostración de las nuevas etapas a que están llegando -no digamos los movimientos revolucionarios, para no ponerles nombre demasiado atrevido- los movimientos populares de toda América, conscientes de la importancia que tienen, y conscientes de que no es necesario extremar la fuerza para lograr lo que uno persigue.

La fuerza es el último recurso

La fuerza es el recurso definitivo que queda a los pueblos. Nunca un pueblo puede renunciar a la fuerza, pero la fuerza solamente se utiliza para luchar contra el que la ejerce en forma indiscriminada. (APLAUSOS)

Y nosotros -les podrá parecer extraño que hablemos así, pero es cierto-, nosotros iniciamos el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa. Tengo las pretensiones personales de decir que conozco América, y que cada uno de sus países, en alguna forma, los he visitado, y puedo asegurarles que en nuestra América, en las condiciones actuales, no se da un país donde, como en el Uruguay, se permitan las manifestaciones de las ideas.

Se tendrá una manera de pensar u otra, y es lógico; y yo sé que los miembros del Gobierno del Uruguay no están de acuerdo con nuestras ideas. Sin embargo, nos permiten la expresión de estas ideas aquí, en la Universidad y en el territorio del país que está bajo el Gobierno uruguayo. De tal forma que eso es algo que no se logra, ni mucho menos, en los países de América.

Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es precisamente la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre por el hombre ni siga la explotación del hombre por el hombre, (APLAUSOS) lo que no en todos casos sucederá lo mismo -sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último. Porque no hubo un último disparo el último día de la Revolución; hubo que seguir disparando. Nos dispararon, tuvimos que ser duros, tuvimos que castigar con la muerte a alguna gente; nos volvieron a atacar, nos han vuelto a atacar una vez más, y nos seguirán atacando.

El camino pacífico

Y esta lucha, en esta forma tan enardecida que a veces divide -incluso- hasta a miembros de la familia, naturalmente que permite una construcción muy rápida del país, naturalmente que hace que nuestro país marche a un ritmo terriblemente acelerado, pero también deja una serie de secuelas que después cuesta curar. Y no es bueno ni es bonito, porque hemos tenido que hacerlo y no nos arrepentimos, naturalmente, y creemos que lo que hemos hecho lo hemos hecho respondiendo a la justicia. (APLAUSOS) Pero si esas aspiraciones del desarrollo económico -que son, en definitiva, las aspiraciones de bienestar en cualquier forma que sea y como quiera llamársele-, la aspiración del pueblo a su bienestar se puede lograr por medios pacíficos, eso es lo ideal y eso es por lo que hay que luchar. (APLAUSOS)

Bien, compañeros: hemos tenido un diálogo irregular, no muy académico; si ustedes no se ofenden, muy cubano en su forma de expresión, de intercambio. (APLAUSOS) Quisiera decirles que la impresión y el recuerdo que nos llevamos del pueblo uruguayo será imborrable. No son palabras, no valdría la pena decir palabras protocolares. Quizás es que no son nada más que pueblo, y sobra lo de uruguayo, porque todos los pueblos del mundo... (APLAUSOS PROLONGADOS Y GRITOS DE "CUBA, CUBA")

En todo caso, podemos decir que de estas reuniones, del intercambio que hemos tenido estos días mis compañeros y yo con el pueblo uruguayo, nos llevamos un recuerdo imborrable, y que ese recuerdo servirá -como sirve siempre el recuerdo del pueblo y de los diálogos con el pueblo-, para indicarnos todos los días que nuestro compromiso es todavía más grande que con el de seis millones y medio de cubanos, que nuestro compromiso ha trascendido las fronteras de nuestra Isla, que se ha afincado en muchos lugares de América y que debemos todos los días trabajar y todos los días perfeccionarnos. Nosotros, sin embargo, debemos perfeccionarnos todos los días, cada vez con más ahínco, para ser dignos de ese compromiso que hemos contraído en estos días con ustedes. Nada más. (OVACION) (GRITOS DE: "CUBA, CUBA", "SALUDOS A FIDEL", "CUBA SI, YANQUIS NO")

(Tomado de EL POPULAR del lunes 21 de agosto de 1961, pp. 2 y 6. Subtítulos de la redacción del diario)